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Domingo, 14 de mayo de 2006
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Gazapos
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO El diccionario define el vocablo gazapo como «yerro que, por inadvertencia, deja pasar quien escribe o habla» y este tipo de yerros solía ser frecuente en los antiguos periódicos, porque el texto de cada redactor pasaba por unas cuantas manos (linotipista, cajista, corrector, etc.) y al pasar de mano en mano, a veces alguno se equivocaba y daba lugar a curiosos errores que, en aquellos tiempos ya idos, achacábamos a un ser imaginario conocido como el duende del taller.

Hoy, con la informática, el duende del taller se ha jubilado y su tarea la ha heredado el duende del ordenador, que también a veces actúa, aunque hay que reconocer que es menos juguetón que aquel popular duende del taller cuyas travesuras conocí personalmente, durante mis muchos años de convivencia en los antiguos talleres periodísticos.

Les hablo hoy de gazapos y del duende del taller porque hace unos días un amable lector llamado Juan me dejó en una de mis dos estafetas, la del kiosco del Lorenzo en San Ignacio (la otra la tengo en la peluquería), una carta señalándome un gracioso gazapo que pudo ver el periódico de hace ya bastantes años cuando se hizo famoso el anuncio de un insecticida que se ofrecía con un pareado que se hizo muy famoso. La breve nota de Juan dice así: «¿Que dirías, admirado Luis, si vieras en un periódico el anuncio del 'Aceite Inglés' con aquello de 'Parásito que toca muerto es', publicado sobre una esquela mortuoria?».

'Notas necrológicas'

Pues amigo Juan, no diría nada porque conozco de sobra las andanzas del 'duende del taller', pero yo, a mi vez, voy a hacerte otra pregunta similar porque poseo y guardo el recorte de otro gazapo publicado en 'La Gaceta del Norte' el día 23 de enero de 1966. Se trata de una sección publicada con un llamativo titular a cuatro columnas que decía así: 'Notas Necrológicas'. ¿Y qué dirías tú, querido Juan, si vieras hoy publicados debajo de las 'Notas Necrológicas' todos los anuncios de médicos?

Una copia de este divertido gazapo se lo regalé a un médico urólogo, antiguo condiscípulo mío del 'Insti', que era el primero que aparecía bajo aquel título macabro.



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