La corrida de Carriquiri fue de serio escaparate. Sorprendentemente bien hecho el quinto pese a sus 650 kilos de báscula, el de más peso de cuanto va de feria. El toro salió con pies, galopó con buen aire y tuvo el infortunio de lesionarse una pata y quedar inválido. De la seriedad de la corrida se tuvo clara referencia cuando saltó un sobrero cinqueño de Martín Lorca que lo tenía todo muy bien puesto, pero que por comparación vino a parecer un toro justo con lo puesto.
En la corrida titular también salieron otros dos toros de destacado nivel: el primero de los dos de Ferrera, que fue toro con temperamento pero pronto y fiable, y el tercero de corrida, que, lidiado con confuso criterio, no pudo disfrutarse del todo. Ferrera hizo derroche con los tres toros que le acabaron saliendo. El segundo metió la cara en los vuelos, Ferrera lo lució y por la mano derecha le pegó tres lances de carácter. Por el pitón izquierdo le convino menos a Ferrera el toro y al revés.
Fue hermosa también la decisión del torero extremeño para pararse con el quinto en los medios antes de que nadie lo llamara. Y brava su pelea para intentar romper por abajo al sobrero. Al carriquiri le puso dos pares seguros, uno al salto con salida parada y otro por dentro demasiado rápido. La codicia y la forma de atacar y repetir del toro a veces en tromba no fueron sencillas de gobernar.
Ferrera anduvo entregado pero agitado. No se escondió, aguantó bien al toro con la derecha aunque se le fuera la velocidad y ligó sin irse. Los pases de pechos fueron excelentes. Pero por la mano izquierda escupió un poco al toro y, como le pesó, le acortó distancias para no tener que tragarle tanto. En esa maniobra sufrió un desarme. La gente vio después de eso más toro que torero y la opinión más sonora fue la de quienes no valoraron la honradez de Ferrera.
La recompensa llegó después, con el sobrero, que no paró de moverse. Ferrera lo banderilleó con genio, riesgo y acierto. Y tras brindis al público, optó por eso que se llama 'faena de Madrid', que abre con cite a la distancia, muy larga la invitación. Vibró la cosa porque el toro se arrancaba, sin llegar a descolgar. Por la mano izquierda no aceptó el toro y hubo dos avisos de voltereta. Pero por la mano derecha sí hubo baile y más a ritmo en las rayas, y no en los medios. De modo que quedó armada una faena con acento popular y méritos que fueron sumando. Y una estocada en toda regla, que provocó petición mayoritaria. Una oreja.
La presencia de Ferrera fue torrencial, como suele. Víctor Puerto, sereno y capaz, todavía convaleciente de un serio percance, anduvo fácil con el hondo primero de corrida, que se apagó después de prometer ser algo más. El cuarto, flojito, se paró de golpe. Víctor abrevió y mató muy bien. Y a Iván García, muy nervioso con el toro bueno, el monumental sexto le provocó mal disimulada desconfianza. Y se le fue una feria donde se le estaba esperando.