Cuando un colectivo necesita estímulos extremos como la amenaza de un inminente descenso para funcionar como bloque y, aún así, no siempre lo consigue -Zaragoza- puede hablarse de cualquier cosa menos de un equipo. Y en esas condiciones ha transcurrido la temporada del Alavés, con un ramillete de notables futbolistas que, en muchos casos, han ofrecido un rendimiento escaso.
Evidentemente, ensamblar un equipo es la primera y gran tarea del entrenador. Dado que el 'alineador' Piterman se ha dedicado justo a lo contrario, a realizar una pésima planificación, a convertir la campaña en un tubo de ensayo, a permitir intolerables desajustes tácticos y a desquiciar a la plantilla desde dentro, con repetidos cambios de entrenadores y delirantes planteamientos, los jugadores cuentan con un atenuante. No eximente, porque al fin y al cabo, en sus botas quedó la permanencia en el tramo final.
Sin regularidad, compromiso y carácter durante la mayor parte de la campaña -todo lo que sí apareció al final ante el Betis y el Deportivo- el Alavés se quedó en poca cosa. En individualidades que sirvieron para lograr el ascenso la pasada campaña, pero que en la máxima categoría se apagaron ante adversarios más cualificados.
En la complicada tarea de extraer motivos de satisfacción dentro de esta temporada, algunas situaciones particulares sí han dado para ello. La irrupción de Costanzo, un portero sólido que se saltó los procesos de adaptación para rendir desde el principio, y la capacidad de sacrificio y acierto de John Aloisi en ataque. El australiano, que ya viaja hacia el Mundial de Alemania, acaba como máximo artillero albiazul. Con diez goles, además, ha superado su mejor marca personal en Primera División.
La correcta campaña de Edu Alonso, la madurez de Sarriegi, el sacrificio de Astudillo y la regularidad de Juanito, Gaspar o Carpintero también se han dejado ver. Igual que el compromiso de Bodipo, que más allá de su escasa puntería durante esta campaña, siempre ha sumado a partir de su esfuerzo. También las cuatro apariciones de Bonano en la segunda vuelta, que respondió con la seguridad de un veterano en las peores circunstancias.
Nene, De Lucas, Jandro
A partir de ahí, se platean verdaderos problemas para salvar jugadores. Con el trío Nene, De Lucas y Jandro como algunas de las decepciones más significantes. El brasileño, igual que la pasada temporada, se ha hartado de recibir descalificaciones de sus propios compañeros dentro del campo. Finaliza la campaña con nueve goles, pero también con una desaparición prácticamente completa en la segunda vuelta. Si se hace una encuesta dentro del vestuario alavesista sobre cuál debe ser el primer jugador nominado para salir del club, el carioca tendría una difícil escapatoria. A cambio, ha dejado de nuevo sobre el césped detalles de genio. Así es Nene.
Para De Lucas y Jandro, la temporada ha sido similar. El catalán, con una larguísima lesión, nunca llegó a rendir con cierta continuidad. Tampoco al nivel que exige su ficha. En el caso del asturiano, que casi nunca jugó en su puesto natural, la campaña ha sido para olvidar. Con un breve repunte durante la 'etapa Oliva', pero sin marcar las diferencias. Rubén Navarro podría cerrar el póker de las decepciones. Después de ser el mejor la pasada campaña, se diluyó igual que el equipo durante la primera vuelta. A partir de ahí y con enfrentamiento verbal con Piterman incluido, apenas fue rescatado para el último encuentro.
Dado que el Alavés ha utilizado 28 jugadores -Pachecho y Ardouin no han llegado a debutar-, la nómima de jugadores itinerantes entre la alineación, el banquillo y la grada ha sido espectacular. Poli, Begoña, Pellegrino, Lacen, Blago, Arthuro, Elton, Mena, Thiaw, Wesley....
Una plantilla suficiente, incluso cuando se acumularon lesiones musculares en el final de la primera vuelta e inicio de la segunda, pero debilitada por una gestión deportiva atroz. La de Dmitry Piterman.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com