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Lunes, 15 de mayo de 2006
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DEPORTES
Bilbao Basket
La fiesta de la liberación
La hinchada del Lagun Aro, entregada como siempre, vibró con su equipo y acabó celebrando por todo lo alto la permanencia en la ACB
La fiesta de la liberación
COMUNIÓN. Los jugadores del Lagun Aro y los aficionados de La Casilla celebran juntos la permanencia del equipo en la ACB.
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Todo estaba preparado en La Casilla para la Gran Fiesta. Aparte del típico kit de animación que se coloca en cada asiento y que esta vez incluía una papeleta roja con la leyenda 'Somos ACB', la parte alta del pabellón se había convertido en una especie de arsenal pirotécnico. En el techo y en los fondos se habían colocado bengalas rojas prestas a ser explosionadas y, a lo largo del pasillo en el que se ubican las cabinas de la prensa, un cable pegado al suelo con cita aislante conectaba unos enormes petardos amarillos cargados de papelinas de la marca Super Party. El montaje era impecable, casi amenazador. Sólo hacía falta que también resultara necesario, que el partido hubiera que despedirlo con la traca y los fuegos que celebraran la permanencia del Lagun Aro en la ACB.

A la tremenda

Y así fue. La Casilla vivió ayer un momento grandioso de comunión entre el público y su equipo, y la noche acabó convertida en una fiesta por todo lo alto. Antes, eso sí, hubo un partido vibrante que el Lagun Aro sentenció tras el descanso. La primera parte fue tensa. Bajo un calor sofocante y estruendo infernal de bocinas y aplaudidores, Lagun Aro y Pamesa rivalizaron en imprecisiones y nervios. Había tanto en juego que los dos equipos se emplearon a la tremenda; como el público, entre el que hubo varios representantes del Athletic. Fernando Lamikiz ocupó su sitio en el palco, mientras que Javier Clemente, junto a los directivos Eukeni Olabarri, Carmelo Etxeita y Félix Izquierdo, se sentaba justo enfrente, al otro lado de la pista, en silla de cancha. Joseba Etxeberria, el rojiblanco más aficionado al basket, estaba con ellos e incluso llegó a emplearse con la corneta. Lo cierto es que resulta lógico este hermanamiento entre Athletic y Lagun Aro que se ha escenificado en las últimas semanas. Y es que nada une más que el miedo compartido.

Los fieles de la Casilla, pese a todo, no puede decirse que sufrieran ayer en exceso. Sólo durante el primer cuarto hubo incertidumbre en el ambiente. Ocurría que Lagun Aro y Pamesa marchaban igualados y, en Valladolid, donde los bilbaínos tenían otro cartucho para la permanencia, el Breogán superaba por un punto al Fórum. Sin embargo, fueron pasando los minutos y las cosas se fueron arreglando. Los transistores repartían bendiciones. El Fórum vencía 48-33 al descanso. Y 57-38 en el tercer cuarto. La salvación, pues, era cosa casi hecha y la hinchada se concentró más si cabe en animar a los suyos, que quizás liberados de presión se salieron a partir del tercer cuarto. Fue la de los pupilos de Txus Vidorreta una carga de caballería que llevó el delirio a las gradas, de por sí eléctricas después de tantas raciones en vena de heavy metal.

Y al final, lo que decíamos: el delirio. Las luces se apagaron y La Casilla tembló con las luces de las bengalas y el estruendo de la cohetería, mientras los jugadores del Lagun Aro saltaban de alegría y firmaban una apoteósica vuelta a la cancha repartiendo abrazos. Un maravilloso fin de temporada, pues, para un equipo que, con sus virtudes y sus defectos, ha enganchado a una afición que juega como pocas.



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