El Gobierno teme que un mal resultado en el referéndum del Estatuto de Cataluña dañe la imagen de José Luis Rodríguez Zapatero, que hizo de esa reforma la bandera de su política territorial. El jefe del Ejecutivo pretende conjurar el peligro con una participación muy activa en la campaña que favorezca una votación masiva de la población.
La salida de ERC del Govern fue un alivio para PSOE y Moncloa, que tenían fundados temores de que el referéndum, con un tripartito dividido, se convertiría en un plebiscito. En esta circunstancia podría ganar el 'no' porque al rechazo de ERC y PP se sumarían muchos electores de CiU, deseosos de castigar a la alianza gubernamental.
El anuncio de elecciones autonómicas anticipadas también tranquilizó a los socialistas porque no resolver esa incógnita podía transformar la consulta en una votación de castigo al Gobierno de Maragall. Zapatero, dicen sus colaboradores, quiere un 18-J «sin interferencias» de cuestiones ajenas que puedan distorsionar el resultado.
Baja participación
Disipados esos temores, la preocupación se centra ahora en movilizar a los partidarios del Estatut. Con los datos que maneja el líder del PSOE, la reforma estatutaria podría ser aprobada por el 30% del censo de Cataluña, aunque un sondeo elevaría la participación al 51% del electorado, con una victoria del 'sí' del 68%, lo que dejaría el respaldo en torno al 35% del censo. Un apoyo muy inferior al del Estatuto de 1979, aprobado por el 88% de los votos y una participación del 59% que supuso el visto bueno del 52% de los catalanes.
El presidente del Gobierno dará cuatro mítines para explicar las bondades de la reforma para Cataluña y España, ya que los partidarios del 'no' podrían estar más movilizados. El objetivo es una alta participación que asegure un triunfo claro del 'sí', lo que requerirá la complicidad de CiU, que pondrá toda la carne en el asador. La federación nacionalista, sin embargo, también teme que sus votantes quieran vengarse del tripartito, sobre todo del PSC, con papeletas del 'no'.