Su porte aristocrático -hija de los condes de Franclieu y los marqueses de Lazaire- cayó como una bomba en el mundo de la moda al asumir, hace casi veinte años, la comunicación de Christian Dior en España. Con cuatro hijos y separada de un príncipe «arruinado», comenzó a trabajar «no por capricho», sino por «pura necesidad económica». Beatriz de Orleans sostiene que no hay una sola directora de comunicación de firmas de lujo «guapa» y que, además, es contraproducente serlo, porque si se es «demasiado bella -afirma- resultas agresiva y no te valoran».
Responsable del área de Perfumes de la compañía francesa, defiende que la moda es «cultura», ya que todas las grandes civilizaciones se pueden analizar «a través del vestir y de la pintura», y que no hay nada «más estúpido» que pretender ser lo que uno no es. Su suegra, la condesa de París, le enseñó a comportarse de la misma manera «con un portero que con un rey» y a actuar de igual modo «en el metro que en un Rolls Royce».
Con los pies en la calle, estas enseñanzas le han servido para interpretar la alta costura como «un laboratorio de ideas» y «no una industria» que inspira el resto de colecciones. «Lo que vende Dior, en realidad, es un prestigio y de ahí su obsesión por la imagen de marca, ya que, una vez que se pierde, no se recupera»
A su juicio, la moda es, ante todo, un «mundo de sueños» y Dior es hoy el «número uno de las marcas de lujo» porque vende eso: «sueños», algo muy importante, en su opinión, porque «la vida sin sueños puede ser patética. El lujo hace soñar».
Una obra de arte
Por desgracia, a sólo unos pocos, debido a su alto precio. «Es lógico que valga dinero pues lo vale el trabajo que ha costado fabricarlo», subraya. La aristócrata no duda en tildar de obras de arte muchas creaciones del gran maestro de la moda. «Son comparables a una sinfonía, un libro o un cuadro», dice.
Cree, no obstante, que existen millonarios que se visten fatal «porque no tienen sensibilidad ni refinamiento» y confiesa que, a veces, es infiel a la empresa para la que trabaja. Amante de los mercadillos -«mezclo muchísimo», juzga que sería «patético» ir de 'total look'» de cualquier firma, incluida la de Dior. Y descubre un secreto: sus hijas asaltan su armario en busca de sus prendas «porque es ropa de Dior que no se pueden permitir comprar».