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Lunes, 15 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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OPINIÓN/Las raíces del gusto
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En el cuajado mundo de la gastronomía vizcaína ha nacido una tarta. Se llamará 'Gernika' y ha sido creada por el gremio de Artesanos Pasteleros de Vizcaya. Aquí había una tradición repostera que se materializaba en postres de leche, (arroz con leche, intxaursalsa y cuajada o gaztatu), de manzanas (compota y manzanas asadas), los legendarios canutillos de Bilbao; el pastel de arroz, que como todo el mundo sabe no es de arroz; dulces como los caramelos de Santiaguito, escrito sea sin afán promocional alguno, y las tostadas de pan que un servidor acostumbra a comprar en 'La Suiza' por carnavales.

Tenemos también una tradición chocolatera, quizá no comparable a la suiza, pero que en uno de sus más destacados negocios, Chocolates Bilbaínos, 'Chobil', dio a Euskadi y al mundo el primer lehendakari de nuestra historia.

Es muy plausible la idea de ponerle a un postre el nombre de Gernika. Tal como dicen los creadores de la nueva tarta, se trata de una toponimia universalmente conocida gracias al cuadro de Picasso. Podríamos añadirle otro argumento histórico. Ese era también el nombre del primer tanque que entró en París con la 9ª compañía de Leclerc, tripulado por republicanos españoles, dato que puede venir muy bien en este revival republicano que vivimos años después. La pintura y el tanque eran un homenaje al bombardeo de la villa foral por la Legión Cóndor, aunque la grafía del nombre no coincidiera con la del nuevo postre vizcaíno: era Guernica en ambos casos.

El nuevo postre es un intento de ensanchar los dominios, ya de por sí bastante latos, de nuestra gastronomía. Tiene vocación autóctona y deja recuerdo en el paladar de hojaldre, franchipan y una portentosa crema sobre cuyos ingredientes no dicen ni mú sus autores, al menos antes de presentarla en sociedad, en Expovacaciones. Tiene vocación inalterable en el tiempo, ante los cambios de temperaturas y en caso de viajes, con el fin de que todos nuestros visitantes puedan llevársela como recuerdo, al estilo de la ensaimada mallorquina. Sólo falta que no engorde y sea apta para diabéticos. O sea, la perfección.



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