El «sí quiero» corre el peligro de convertirse en una costumbre arcaica sin vocación de continuidad. Las fotos salpicadas de arroz, tal y como van las cosas, quedarán para postales y álbumes familiares. Poco a poco, de manera progresiva, el matrimonio pierde atractivo para los jóvenes vascos, que, según los datos del Instituto Vasco de Estadística (Eustat), se casan cada vez menos y se decantan cada vez más por las uniones civiles. Éstas representan ya el 44,6% del total de las bodas que se celebran en Euskadi.
«La cultura en torno al matrimonio ha cambiado. Desde finales de la década de los ochenta se ha producido una diversificación en la forma de convivir. Lo que intento decir es que el modelo cultural de la familia tradicional ya no es una referencia». La opinión de César Manzanos, profesor de Sociología en la Universidad del País Vasco y autor del libro 'La separación matrimonial', se ve refrendada por las cifras del Eustat: en los meses de julio, agosto y septiembre de 2005 -las últimas en hacerse públicas- se celebraron un total de 3.359 bodas, un 2% menos que en el mismo período del año anterior. Además, el 63,4% fueron de carácter religioso -en la época invernal, más de la mitad son civiles-, lo que también supone un descenso del 3% respecto a 2004. Además, en los tres primeros meses de vigencia de la ley que autorizaba el matrimonio entre las personas del mismo sexo, en Euskadi se celebraron 23 bodas homosexuales, sólo una de ellas entre mujeres.
La tendencia casadera está claramente a la baja. Las estadísticas, muchas veces perversas, esta vez no ofrecen lugar a dudas. En el primer semestre de 2005, de enero a junio, se oficiaron 3.827 bodas: 1.886 fueron canónicas y 1.941 civiles. De seguir una evolución normal y sin oscilaciones, estos valores se situarían un 4% por debajo de las cifras registradas hace sólo una década; es decir, en este periodo de tiempo, en el País Vasco se habrán dejado de celebrar cerca de 400 matrimonios. El panorama no tiene visos de mejorar y menos de remontar lo que parece, definitivamente, «una crisis institucional».
César Manzanos advierte de que «se ha producido una difuminación en las formas de convivencia» en los últimos años. Según el experto, que ha resaltado la importancia de los «cambios legislativos» en el ámbito matrimonial, las parejas de hoy en día «muchas veces ni se ven», el ritmo de vida es «muy estresante» y «cada uno tiene su propio horario». El sociólogo, además, subraya que la separación es «mucho más frecuente» cuando trabajan «los dos cónyuges». ¿Por qué? «Porque la dependencia económica, en la mayoría de los casos, hace que la gente permanezca en una unión obligada».
Diversificar las fórmulas de convivencia. Esta parece una de las claves que explican el descenso de los matrimonios convencionales. El registro de parejas de hecho, sin ir más lejos, no ha dejado de ganar adeptos desde su entrada en vigor en 2004. El año pasado, el Gobierno vasco contabilizó 2.727 casos de este tipo de uniones, de los cuales 1.546 tuvieron lugar en Vizcaya, 750 en Guipúzcoa y 431 en Álava. Y la tendencia está al alza.
En los tres primeros meses de 2006, ya se han computado un total de 530 inscripciones, 89 más que en el mismo período del ejercicio anterior. Según Manzanos, «existe una mayor homologación de las parejas de hecho -en cuanto a los derechos-, lo que no anima precisamente a contraer matrimonio. Vivimos en una cultura en la que se tiende a una unión sin contrato».
Posibilidad de ruptura
La gente, matizan los expertos, se casaba antes «porque se quería»; ahora, sin embargo, el matrimonio se asocia inmediatamente con un «hecho jurídico contractual». Los jóvenes piensan más en una eventual e hipotética separación que en aquella máxima de que 'el amor es para siempre'. Lo que se intenta hacer es regular la convivencia conyugal por lo que pueda pasar en un futuro, sea bueno o malo. Carmen Valdivia, catedrática de Psicopedagogía en la Universidad de Deusto, considera que los jóvenes «son más conscientes de los problemas que hay y por eso se plantean la posibilidad de ruptura. Las fórmulas matrimoniales -advierte- se flexibilizan cada vez más con el objetivo de llegar a acuerdos con una mayor celeridad».
El descenso de las bodas canónicas, aprecia la psicopedagoga, obedece a la «crisis» de las convicciones religiosas y a que la Iglesia tiene «cada vez menos atractivo para los jóvenes». «La gente -subraya- se decanta por lo civil porque es más fácil darle la vuelta». Valdivia revela que en estos momentos maneja una clasificación de 58 formas diferentes de familia. Están las nucleares, las troncales, las extendidas, las reducidas; después vienen las monoparentales -en su infinidad de variantes- y también están las parejas de hecho. «Ha llegado un momento en el que ni siquiera podemos definir lo que se entiende por una familia».
Todos los estudios realizados hasta la fecha inciden, por un lado, en la «desaceleración» de las tasas matrimoniales, y, por otro, en el aumento de las rupturas. Según César Manzanos, por cada siete matrimonios contraídos en 1996 había una separación; las previsiones para 2010, sin embargo, estiman que por cada dos bodas se producirá un divorcio. «Las parejas duran cada vez menos tiempo y se genera una cultura en la que se asume que el matrimonio ya no es para siempre».