Se fue a comprar tabaco. Como aquel que dice, el escritor maldito -o maldito escritor- Roger Wolfe, le dijo ayer por la mañana a la recepcionista de su hotel en Logroño: «Me ha surgido un imprevisto». Y, como se dice por estas huertas: a tomar por riau. El escritor desapareció y, tras plantar a los periodistas por la mañana, tampoco acudió a la lectura prevista a las 19 horas en el Quintiliano. Allí, sus editores de 4 de Agosto leyeron los versos del poeta ausente.
«Los pensionistas hablan de trombosis/ en los autobuses
o aguardan el final/ en los bancos de los parques públicos/
entre mierda de palomas y jeringas ensangrentadas (...)
/Son las cinco de la tarde y todo en la ciudad apesta a muerte./ Sé que es inútil. Llegar a casa, ponerme aquí delante y redactar/ quince o veinte líneas, qué más da/ esta especie de salvoconducto a ninguna parte.» ('A ninguna parte'). Roger Wolfe, nacido en Inglaterra en 1962 pero residente en España desde los 4 años, es el autor de este y otros poemas aún más desagradables -si cabe- pringados de alcohol, abulia, muerte, impotencia y nihilismo de capirote...
El escritor y traductor iba a presentar a las Presencias Literarias de la UR 'Vela en este entierro' (su primer poemario tras cinco años de astringencia poética, editado por 4 de Agosto), 32 poemas en prosa saludada como la del «mejor escritor que ha publicado en una editorial riojana» según Diego Marín. Introductor del 'realismo sucio' en España, entre sus escritores de referencia se encuentran nombres destacados también por su lucidez, sensatez y humildad como Charles Bukowski -autor del delicado 'Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones'- o el risueño y pajarero Raymond Carver -ha traducido a ambos-.
Ayer, este ex limpiapiscinas y barman, definido como poeta 'cáustico' y novelista, autor de 'Dios es un perro que nos mira' o 'Hablando de pintura con un ciego' plantó al público de la UR llevado por el viento, o quizá, por una ventolera.