«Un apellido: Aguirre o Agirre. Una ciudad: Eibar. Una profesión: la medicina». Así da comienzo el libro 'Los Aguirre: una familia de médicos', que verá la luz mañana jueves, y recordará las figuras de varios médicos ilustres que ejercieron su profesión en Eibar desde mitad del siglo XIX. El trabajo, obra de Antxon Narbaiza, resalta la particularidad de esta saga familiar que en cinco generaciones ha dado seis médicos. Ciriaco Aguirre, cuarta generación de esta familia y jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital de Cruces, asegura que «no sé si se trata de una tradición que se transmite en los genes, pero sí es cierto que no es frecuente que haya tantos médicos en una familia».
El volumen será presentado el día 18 en el Ayuntamiento de Eibar y contará con la presencia de las últimas generaciones de esta familia dedicada a la medicina. Estarán en Portalea Ciriaco Aguirre y su hija Iciar Aguirre, radióloga del hospital de Galdakao. Ambos residen en Bilbao, pero Ciriaco Aguirre no olvida sus raíces eibarresas. También podría acudir al acto José Miguel Aguirre, hermano de Ciriaco y jefe del servicio de Medicina del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
El libro elaborado por Narbaiza supone «un gran motivo de satisfacción» para Ciriaco Aguirre, nieto del ilustre médico que ejerció en Eibar desde 1903 a 1933 y que da nombre a una calle en el barrio de Amaña. «La publicación de este libro me produce una sensación rara», comenta este médico desde la capital vizcaína.
La historia de esta saga arranca, según recoge el libro, en 1832 con el nacimiento de Vicente Aguirre, el primer médico de esta familia. Vicente ocupó la plaza de médico en Eibar, un cargo que dependía del Ayuntamiento en 1860 y ejerció su profesión en el municipio durante 50 años. Su hijo Ciriaco Aguirre continuó la tradición y fue nombrado médico titular de Eibar en 1903, con 31 años. Entonces tenía una asignación mensual de 1.500 pesetas. Ciriaco Aguirre ejerció su profesión durante 30 años en Eibar y falleció ahogado en Deba en 1933.
Pabellón y colonias
El libro resalta especialmente la figura de Ciriaco Aguirre como médico, pero no olvida su trabajo como filántropo, impulsor de actividades culturales y sociales. El insigne médico promovió en 1910 la creación del Jardín de Convalecientes para la recuperación de tuberculosos y en 1926 participó en la iniciativa popular para el surgimiento del pabellón antituberculoso. Una donación de su familia dio pie también en 1915 a la organización de la colonia marítima de verano para que niños enfermos pudieran disfrutar de unas vacaciones junto al mar y al aire libre. La actividad política, de signo liberal republicano, también tuvo importancia en su vida.
Precisamente este posicionamiento llevó al exilio en América a la familia Aguirre durante la Guerra Civil.
Vicente, hijo de Ciriaco y padre de Ciriaco, rompió la tradición en su profesión como ingeniero de minas. Pero sólo fue un alto en el camino, antes de retomar la cadena. Sus hijos Ciriaco y José Miguel han seguido la tradición médica, que continúa con Iciar. Esta joven médica, nacida en 1975, es por el momento el último eslabón en esta cadena.