Son un incordio, desde luego. Se trata de los escépticos, que están, por experiencia, tan escarmentados. Parece que sean el aguafiestas desde que la tregua vigilada de 1998 les dejó a muchos sin un puñado de amigos y el semblante petrificado. Pero es que siguen sin fiarse y, para colmo, comprueban que ETA, en cuanto abre la boca, les da la razón confirmando su temor. Porque, nada más conocer el primer comunicado de ETA anunciando su alto el fuego permanente, se temieron una jugada maestra. Leyeron y releyeron el anuncio y, entre líneas, divisaron el horizonte de siempre: la autodeterminación y la territorialidad. Navarra y lo que se tercie de Francia. Pero las dudas fueron acalladas inmediatamente desde La Moncloa que, últimamente, a las tormentas torrenciales les dá por llamarles «caídas insistentes de gotas de lluvia».
Ni Barañain ni Getxo ni las cartas de extorsión obedecían, según los neo-expertos en terrorismo como el socialista Blanco, a un plan de ETA. Pero el juego de palabras, tergiversando la nominación de las cosas, ha tenido un recorrido bien corto. Justo hasta que ETA ha dicho que se está impacientando, que pueden volver a las andadas si el gobierno socialista comete el error de creer que pueden engañar a la banda y, ojo al dato, siguen con la autodeterminación y la territorialidad. ¿Oído Moncloa?
No es de extrañar que Zapatero haya hablado con el líder de la oposición, el popular Rajoy, porque la situación se está poniendo dura. Permach les recuerda, desde sus habituales comparecencias de prensa, que los nudos generados por el «conflicto» son la autodeterminación y la territorialidad. ¿Otra vez! Y que quieren que empiece ya la negociación (la mesa, presidente, la mesa).
Las juventudes del entorno de ETA, la ilegalizada Segi, han convocado concentraciones frente a la sedes del PNV y Partido Socialista. Para reivindicar la independencia, claro. Blanco tendrá que ponerse las pilas. Aunque, ahora, Batasuna sólo quiera oír a los socialistas de Euskadi y Navarra porque, de repente, les ha entrado un interés desmedido por lo que puedan decir López y Chivite. Mientras los nacionalistas del gobierno vuelven a mirarse en espejo ajeno (esta vez toca Montenegro, más cerca que las Fidji y las Feroe) en el entorno de Izquierda Unida (la de Llamazares) se escucha a quienes proponen fórmulas parecidas, para Euskadi, a la utilizada por los catalanes en su Estatuto. Mucho qué hacer todavía. Volveremos a pasear por Québec. Otra vez.
Y en la espera, no seamos tan descreídos. Pensemos que la furgoneta abandonada en Francia con ropa ensangrentada y matrículas falsas iba a servir para esconder las armas que un día no muy lejano, ETA deberá entregar. Amén.
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