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Miércoles, 17 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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OPINIÓN/Agresivo
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No sé dónde vamos a llegar, que era un aforismo que solía repetir mi tía monja cada vez que se topaba con alguna de estas complejidades de la vida moderna que ella no alcanzaba a integrar del todo en su escala de valores. Antes, no es que faltaran episodios de violencia en la vida cotidiana, pero solían resolverse en pura palabrería. Los lances de resolvían muy a menudo como el valentón de Cervantes en el soneto 'Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla': «Y luego, incontinente,/ caló el chapeo, requirió la espada./ Miró de soslayo, fuese y no hubo nada».

Ahora las cosas pasan a mayores a la menor, si me permiten la aparente paradoja. Mismamente este pasado lunes, a eso de las diez y media de la mañana, se hallaban unos trabajadores de la construcción empeñados en las labores que les son propias para el adecentamiento de una lonja en la calle Eskurtze, de Bilbao. Los ruidos molestaron, al parecer, a uno de los vecinos del inmueble, residente en el primer piso del edificio, que bajó para reprochar a los obreros el ruido que perturbaba su descanso. Estos, según su propio testimonio, trataron de explicar que era una hora que nadie calificaría de intempestiva para una obra y que les quedaba poco para terminar la tarea y dejar la casa en la paz y el silencio habituales para aquellas horas. Nosotros somos unos mandados, unos currelas, no hay para ponerse así, debieron de argumentar, ante el acaloramiento de su interlocutor.

No valieron las razones. El joven, un muchacho de 25 años cuyo nombre responde a las iniciales J.B., que es nombre de whisky, dicho sea sin ánimo de señalar, volvió sobre sus pasos para ir a su domicilio y salió de él provisto de un cuchillo de cocina, con el que arreó un viaje a uno de los integrantes de la cuadrilla que le produjo una herida de cinco centímetros. Luego volvió a su casa y permaneció allí hasta que fue a buscarlo una patrulla de la Ertzaintza. El airado J.B. tendrá ocasión de aprender que no son horas para invocar su derecho al descanso de manera tan impropia. Y es que no son maneras.



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