DE CUANDO EN CUANDO OLMO Hace unos días pude leer en nuestro común periódico, una curiosa carta al director planteando el curioso caso que ocurre en Amorebieta, donde, según pude leer, un templo ofrece al vecindario conciertos de campanas a esas horas en las que muchos vecinos aún están durmiendo . Algunos de estos vecinos se han quejado a la parroquia, pero parece ser que en la parroquia opinan que el repique de campanas sólo molesta a algunos vecinos de raro criterio.
Me van a permitir con todos mis respetos para los partidarios de tocan las campanas a horas tempranas y para los que las soportan asiduamente, que les exponga mi humilde punto de vista que comienza con esta pregunta lógica: ¿Para qué sirven los toques de campana? Y yo me respondo y digo yo que será para anunciar el comienzo de algún acto litúrgico cotidiano, y planteada esta premisa sigamos razonando.
Si el concierto de campanas se utiliza para anunciar la misa, por ejemplo, yo me pregunto ¿Es que los feligreses de esta parroquia no tienen despertador y necesitan el repique de campanas para levantarse de la cama? Y si la respuesta resulta negativa porque hoy, al precio que tienen los despertadores, no existe un hogar sin despertador, se plantea otra pregunta tan lógica como la anterior. ¿Para qué sirve entonces el repique de campanas a esas horas? ¿Quizá para animar los actos litúrgicos? Eso me resultaría una justificación un tanto ingenua.
Por otro lado, en estos tiempos en que cada vez asiste menos público a las misas, resulta absurdo el repique de campanas por doble motivo: a) Porque todos los fieles tienen despertador y por lo tanto no necesitan campanazos para llegar puntuales. b) Porque a los 'infieles' las campanadas sólo consiguen molestarles e, incluso, inducirles a soltar alguna que otra imprecación impublicable.
Yo sigo manteniendo la piadosa costumbre de oir la misa dominical y no necesito repique de campanas para recordármelo. El redoble de campanas está bien para celebrar algún acto religioso a horas adecuadas, pero resulta anacrónico y hasta molesto, cuando reparte la sonoridad del bronce a las siete o a las ocho de la mañana. Dicho sea con toda humildad y con todos mis respetos.