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Jueves, 18 de mayo de 2006
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OPINIÓN
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Necesidades
El cruce de mensajes entre la izquierda abertzale y los socialistas en torno a las urgencias y a las exigencias del «proceso de paz» demuestra que Batasuna trata de presentar sus propias necesidades como si fuesen las necesidades del otro. Más que de una táctica se trata de un recurso instintivo, especialmente presente en el mundo de ETA. El aserto de Barrena, advirtiendo de que es al PSOE al que urge la legalización de Batasuna, podría parecer hasta convincente. Y en cualquier caso a la izquierda abertzale le resulta útil creérselo. Así evita angustiarse en la espera. El argumento es atractivo. Sugiere que el gobierno de Rodríguez Zapatero no podría esperar hasta la víspera de las elecciones locales y forales de mayo de 2007 para el regreso de la izquierda abertzale a la legalidad, mientras que ésta sí. Puede que ni el PSOE ni el PSE-EE estén interesados en la formalización del diálogo entre los partidos vascos sin que Batasuna o la marca que la suceda estén en condiciones de sentarse a la misma mesa como formación legal. Pero lo que representa más un deseo de la izquierda abertzale que una voluntad constatable de los socialistas es que estos quieran mover las cosas de inmediato en el terreno del diálogo entre partidos.

Si se contempla la cuestión desde el ángulo de la recuperación de la legalidad por parte de la izquierda abertzale, todo indica que sólo la sustitución de Batasuna por una formación de nuevo registro permitiría tal cosa. Siempre que el alto el fuego conduzca a la sensación generalizada de que se trata de una decisión sin vuelta atrás por parte de ETA. También en este punto la izquierda abertzale trata de apurar el potencial de sus deseos, esforzándose en creer que es a los socialistas a quienes más convendría una pronta legalización de Batasuna mediante la modificación de la ley de partidos. Supuesto poco menos que imposible.

La entrevista con dos portavoces de ETA fue considerada, al margen de otras valoraciones, como materia de consumo interno. Es probable que su pretenciosidad verbal buscara contrarrestar los efectos que provoca el silencio de las armas en el ánimo de los más activistas. Pero, contra su jactanciosa proclama, los objetivos expuestos por dichos portavoces quedaron frustrados ya hace tiempo. Los dirigentes de la izquierda abertzale necesitan generar entre sus bases la sensación de que esto se mueve. Habitualmente lo han hecho mediante un sencillo truco: moviendo a esas mismas bases. Pero, encarrilados en la vía lenta que es siempre la democracia, ni siquiera el ritual de la movilización logrará eludir la terca realidad de que no será la izquierda abertzale la que dicte la orientación y el ritmo de los acontecimientos. A lo sumo le quedará el recurso de tratar de convencer a los suyos de que todo lo que ocurre se debe a ellos. A sabiendas de que muchos de ellos fingirán que se lo creen.

k.aulestia@diario-elcorreo.com



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