El Correo Digital
Jueves, 18 de mayo de 2006
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OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Psiquiátricos
En relación a la noticia publicada el día 11 con motivo del XXIII Congreso de la AEN (Asociación Española de Neuropsiquiatría), a la que pertenezco desde hace más de 30 años, sobre una petición de cierre de los psiquiátricos para atender a los enfermos en los hospitales, he de señalar lo siguiente:

Que en mi opinión, los enfermos psiquiátricos en su conjunto necesitan para su correcto tratamiento redes integradas y equipos multidisciplinarios. Que actualmente y dentro de las redes integradas los hospitales psiquiátricos, entendidos como instituciones cualificadas y modernas, son centros que cumplen todos y cada uno de los requerimientos que pudieran cumplir otros establecimientos hospitalarios, con la única diferencia del tipo de pacientes a tratar, y son absolutamente necesarios. Que los servicios de psiquiatría de los hospitales generales no son otra cosa que un eslabón de esas redes integradas y que por tanto no son capaces de asumir pacientes psiquiátricos de forma indiscriminada, salvo que pierdan su función. Lo diga la ley de sanidad, la AEN o el sumsuncorda. Que afirmar o pretender afirmar que el modelo asistencial andaluz, que cerró los hospitales psiquiátricos y reubicó a los enfermos en establecimientos llamados eufemísticamente comunidades terapéuticas, hospitales generales, (distorsionando por completo el concepto previo y habitual de estos establecimientos) o en la puñetera calle, es el modelo a seguir, a estas alturas, duele y no procede. Que pretender afirmar o insinuar que un enfermo mental está mejor atendido en Andalucía, que en Madrid, Cataluña o Euskadi duele también porque no parece que esa afirmación se corresponda mínimamente con la realidad, y lo digo con todos los respetos. Que la atención psiquiátrica en Euskadi debe mejorar, por supuesto, pero eso no significa que estemos a la cola de nada. Que me atrevo a decir que en Euskadi el número de psiquiatras que «piden el cierre de los hospitales psiquiátricos» es prácticamente inexistente y desconozco iniciativa alguna en este sentido, por lo que no puedo considerar el asunto de otra forma que como anecdótico. Quizás es que estén articulándose ahora para ello, pero me extraña. Aquí el sentido común prima sobre ideologías.

Para finalizar, y eso no creo que sea responsabilidad de ningún psiquiatra, asociar, siquiera espacialmente, la información mencionada a la lamentable realidad de niños deficitarios en hospitales psiquiátricos rumanos en mi modesta opinión puede inducir a interpretaciones erróneas sobre nuestra realidad psiquiátrica, la de los enfermos y la de los médicos, pero pone de manifiesto una cierta perversidad en el que lo ha hecho. Los psiquiátricos son lo que la sociedad quiere y nuestra sociedad no es rumana.



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