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Jueves, 18 de mayo de 2006
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CULTURA
ÓPERA
Bilbao aprueba la temporada con buena nota
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La 54ª temporada de la Asociación Bilbaína de Amigos la Ópera ha cerrado con una buen nota general. Las representaciones, independientemente del gusto personal y de las subjetivas valoraciones individuales, han sido de bastante calidad, sobre todo musicalmente.

Hagamos hincapié en aquellas colaboraciones efectuadas casi en calidad de artistas estables del Euskalduna, caso de la soprano Marta Ubieta, cantante de voz pulcra y brillante; subrayemos los roles comprometidos que suele cubrir el tenor Pedro Calderón, con su facilidad en la tesitura alta; señalemos también la escena y musicalidad que imprime a sus personajes la soprano Tatiana Davidova; citemos la buena actuación de la mezzo Francisca Beaumont en 'Manon'; anotemos la veteranía y el saber actuar en tantas participaciones del tenor José Ruiz o las comparecencias del barítono José Manuel Díaz.

Madurez coral

Por lo que respecta al Coro de la Ópera de Bilbao, no siempre mencionado como merece, digamos que Bilbao se debe enorgullecer de contar con esta agrupación en la que la labor del maestro Boris Dujin ha sido y sigue siendo encomiable. El grupo, que atraviesa su madurez artística, está a la altura de los reconocidos conjuntos corales de los teatros de Madrid y Barcelona.

Por otro lado, llevamos ya un par de temporadas en las que se aprecia un mayor cuidado en la dirección orquestal; también se procura que comparezca alguna figura vocal importante en cada título.

El tema de las producciones merece un alto en el camino analítico. Lo que en principio habría que decir al lector es que la escenografía alquilada en coproducción con otros teatros debe guardar algunas características relativas al espacio y al montaje. No obstante, el público bilbaíno tiene ya un bagaje operístico de más de cincuenta años como para saber catalogar lo que presencia. Tal vez deberíamos dar menos importancia a algo que, repetimos una vez más, nos parece que es sólo un complemento y que no debe sustituir lo esencial, que es la música y la voz.

Para constatar el cuidado de la dirección musical no hay más que recordar el paso por el Euskalduna de maestros de la talla de Rizzi-Brignoli; recordemos también al especialista Jiri Kout, quien deparó una admirable 'Rusalka'.

El nuevo año dio paso a 'El holandés errante', que tuvo protagonismo local pues, en primer lugar, se contó con la excelente batuta del maestro Juanjo Mena al mando de la Orquesta Sinfónica de Bilbao y, en segundo, con la participación siempre impecable y envidiable del Coro de la Ópera de Bilbao.

Le siguió una 'Butterfly' de alto vuelo musico-vocal. En ello tuvo mucho que ver la dirección del maestro Allemandi. La 'Manon' de Massenet contó con otra dirección de lujo, la del maestro Ives Abel, y en el páramo vocal y escénico que supuso su montaje se alzó como dueña absoluta de la escena y del canto la guipuzcoana Ainhoa Arteta. La ópera francesa ganó enteros cuando compareció las dos últimas funciones el tenor Marcello Giordani, quien hizo más creíble y apasionante la función.

Los cuentos

La temporada se ha cerrado con 'Los cuentos de Hoffmann', cantada por Aquiles Machado, la mezzo Katharine Goeldner, María Bayo y otros. Además, se contó de nuevo con la máxima responsabilidad a cargo del maestro Alain Guindal y con una dirección escénica muy personal que corrió por cuenta de Gian Carlo del Monaco.

En fin, nos gustaría que, en adelante, además de cuidar con más mimo el capítulo más importante, el de las voces, se nos ofreciera también al tenor desenvainando su espada al decir «Allarmi» en 'Il Trovatore', o que en la 'Manon' hubiera una mesa al cantar la soprano su aria 'Adieu notre petite table'.



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