Hace poco se estrenaba la última película de Spike Lee ( 'Plan Oculto') que abordaba la ejecución de un robo bancario con rehenes, con la peculiaridad del desinterés de los atracadores por el botín. Algo parecido nos propone ahora el habitual asistente de producción, eventual guionista y desconocido director Tony Giglio, por lo que juega con la desventaja de la falta de originalidad, así como con un talento y capacidad de seducción inferior a la de Lee.
La cosa vuelve a ir de atraco con desconocidas intenciones, en cuyo desarrollo el libreto no se priva de ni uno solo de los recursos habituales, de las presentaciones estándar y de las soluciones de manual en el cine de acción actual. Sin embargo, hoy en día no se puede vender algo tan simple, por lo que introduce un par de giros para sorprender la credulidad del espectador. Lo que ocurre es que el guión se muestra lleno de agujeros, por no hablar de inconsistencias justificativas y de apariciones sorpresa que encajan a fuerza de presión. El desenlace final es fácilmente imaginable, pero cumple con esa labor entretenida de rescribir un final que ya parece agotado.
El título y la asimilación de los hechos a la teoría del caos no dejan de ser una pirueta sin pies ni cabeza para dar cuerpo de complejidad a algo que, además de sencillo, el guionista se encarga de explicarnos con repetición de secuencias para asegurar un entendimiento del que desconfía. Así, la película cumple ese elemental estadio de entretener, pero sin aportar nada que no se haya visto recientemente.