Los culés vivieron ayer su noche más hermosa. Los más afortunados lo hicieron en París y el resto se echó a las calles de Barcelona. Todo estaba preparado para que así fuera, pero la afición blaugrana lo llegó a ver todo perdido. Es verdad que el Barça ya tenía la Liga ganada, pero también lo es que caer en la final hubiera supuesto un mazazo para los jugadores y seguidores, convencidos de que, esta vez sí, la Liga de Campeones sólo podía ser suya. Quizás por el sufrimiento acumulado durante buena parte del partido el estallido de júbilo final se multiplicó por cien. De la nada al todo en unos pocos minutos. De las lágrimas de decepción a las de alegría. De los abrazos de consuelo a los de alborozo. Imágenes que se repetían en el césped y en las gradas del estadio de Saint Dennis, en las localidades del Miniestadi, donde se dieron cita 11.000 personas para ver el choque en sus pantallas gigantes, y en la rambla de Canaletas, tomadas hasta altas horas de la madrugada.
Lloraron Deco, Giuly, Eto'o, Ronaldinho, Puyol, Larsson... Protagonistas de un ciclo deportivo que no ha hecho más que empezar. Cuando el capitán del Barça levantó la Copa más deseada, Canaletas estaba ya a reventar y a punto de ebullición. Desde el Miniestadi se veían fuegos artificiales, por supuesto de color blaugrana, y la fiesta era para entonces indescriptible. Los futbolistas no sabían lo que hacer en el campo para dar rienda suelta a sus sentimientos y para descargar tanta tensión. Cuando sonó el himno en Saint Dennis, la familia culé se dio cuenta de lo que había conseguido. Liga y Champions en la misma temporada, una gesta al alcance de muy pocos.
La plantilla del Barcelona, que abandonó el estadio pasada la medianoche, celebró la victoria con una cena y una fiesta en un palacete próximo a París. En la Ciudad Condal, entretanto, los claxons no dejaban de sonar. Pero no sólo hubo festejos en la capital catalana. Los peñistas y aficionados al Barça repartidos por toda la geografía española no dudaron en salir a la calle para congregarse en las plazas más céntricas y celebrar la segunda Copa de Europa en la historia del equipo.
El sentimiento culé lo encarnó a la perfección Larsson, poco dado a exteriorizar sus sentimientos. El sueco miró a una cámara y se desahogó: «Visca el Barça».