La asamblea anual de Cebek rayó, como acostumbra, a gran altura. Primero, en el acto de carácter técnico que debatió los problemas de la deslocalización; y luego en la comida que reunió al 'todo' Euskadi económico y social.
En el día de los empresarios vizcaínos, éstos recibieron un aluvión de buenas noticias desde todos los frentes. El lehendakari se mostró muy confiado en la irreversibilidad del proceso de paz en curso y en próximo final de un triste y largo periodo de violencia que ha lastrado el crecimiento y ha atenazado a los empresarios, víctimas habituales del conflicto. El diputado general de Vizcaya desveló que las tres diputaciones trabajan, junto con el Gobierno, en la elaboración de un nuevo Impuesto de Sociedades. Aseguró que se mantendrán las principales deducciones y, en especial, las que fomentan las inversiones, como mejor garantía de sustentar el futuro de nuestra economía; y prometió que habrá «un buen tipo» impositivo. No dijo a partir de qué talla considera que un tipo es bueno, pero si se mantiene el desmarque actual y se considera el acuerdo sobre la reforma fiscal logrado en Madrid entre el PSOE y CiU, al que podría sumarse el PNV, el tipo debería situarse necesariamente por debajo del 30%.
Respondiendo a una solicitud de apoyo para el sector industrial tradicional, la consejera de Industria realizó una encendida defensa de un sector que aún en pérdida de importancia relativa aporta todavía cerca del 30% del PIB. Hasta el alcalde de Bilbao se sumó al entusiasmo general al anunciar la construcción del mayor número de aparcamientos de la historia de Bilbao y proclamar su oposición a la construcción de nuevas grandes superficies como una muestra de apoyo al pequeño comercio de la ciudad. Lo malo es que también dijo que en Bilbao no quería fundiciones y lo dijo, precisamente, al lado del presidente de los fundidores. Un desliz que en él no es habitual. i.m.gardoqui@diario-elcorreo.com