La concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes al director de cine Pedro Almodóvar constituye tanto un nuevo y merecido reconocimiento a una notable trayectoria en el ámbito cinematográfico, como un paso adelante más en la dimensión universal de unos galardones que últimamente buscan entre sus candidatos a personajes de indudable actualidad y crédito. En ese sentido, la personalidad, la obra y el prestigio del realizador manchego -homenajeado ahora en París con una exposición dedicada a toda su carrera- resultan incuestionables en la actualidad de una cinematografía a la que ha aportado frescura narrativa, sociología urbana y hasta una estética plenamente vinculada con la contemporaneidad occidental.
La personalidad y las inspiraciones casticistas de Almodóvar son inseparables de su origen español y de sus viejas obsesiones como el amor y la muerte, el sexo y las pasiones humanas. Sin embargo, al haber logrado en sus películas un lenguaje cinematográfico universal y estrechamente relacionado con las preocupaciones más actuales de las sociedades urbanas, su éxito se ha extendido entre muchos y diferentes públicos por todos los continentes. De ello dan fe los numerosos reconocimientos recibidos en Europa y América, como es el caso de los premios Goya, los Cesar y los Oscar, o los galardones obtenidos en diferentes y reputados festivales cinematográficos.
Esta trayectoria habrá pesado de forma decisiva en los criterios y en las valoraciones de un Premio Príncipe de Asturias de las Artes cuya nómina de galardonados en los últimos años -entre los más recientes, Tamara Rojo y Maya Plisetskaya, Paco de Lucía, Miquel Barceló o Woddy Allen- certifica una filosofía muy orientada a la búsqueda de personalidades con una manifiesta proyección internacional. Algo que puede colaborar en la extensión de la dimensión universal de este galardón, aunque también lo puede introducir en una estrategia excesivamente comercial. Como es lógico, los Premios Príncipe de Asturias de las Artes deben buscar y encontrar en sus criterios de selección un equilibrio racional entre lo comercial y lo riguroso, ya que de ello depende buena parte de un prestigio que beneficia a la imagen de España y de su cultura.