Los partidos vascos fracasaron ayer en su intento de acordar un texto unánime para condenar los ataques de violencia callejera perpetrados a finales de abril contra el negocio de un concejal de UPN en la localidad navarra de Barañain y una oficina de seguros en Getxo. Todos los grupos coincidieron en la reprobación de ambos atentados, pero el debate y el breve receso para acercar posturas, frustrado en apenas cinco minutos, evidenciaron que persisten diferencias de fondo difíciles de salvar. De forma singular, entre el PP y el resto de formaciones que contemplan con esperanza el posible final de la violencia de ETA.
La falta de acuerdo entre las formaciones obligó a someter a votación tres propuestas diferentes presentadas por los populares -que fueron los que llevaron la petición de condena al Pleno-, el PSE y el tripartito, cuyo escrito de un solo párrafo era un calco de la primera parte del redactado por el partido de Patxi López. El Parlamento aprobó finalmente la enmienda defendida por el PNV, EA y EB, con sus votos, la abstención de los socialistas y el rechazo del PP. EHAK, que tildó el debate de «estéril» y un «obstáculo» en este nuevo tiempo, no se posicionó sobre ninguna de las iniciativas.
La propuesta que prosperó es escueta y se limita a la reprobación. La Cámara expresa «su más enérgica condena de los actos de violencia callejera que han tenido lugar recientemente en las localidades de Barañain y Getxo» y manifiesta su total solidaridad y apoyo a las personas afectadas por estas acciones. La iniciativa no menciona a ETA, cuya autoría sólo dio por hecha el PP al exigir su «disolución» y que «ponga fin a todo acto de agresión contra las libertades y la sociedad democrática»; el resto de las formaciones constataban dudas. La enmienda de los socialistas sí añadía que ambos ataques obligan a mantener «la máxima prudencia» y a aguardar a que el Gobierno «verifique la voluntad» de la banda de dejar el terrorismo.
«Todo ha cambiado»
Aunque las rencillas se manifestaron a varias bandas, el debate evidenció una vez más la distancia que separa a populares y socialistas. Pese a incidir en que la condena era compartida, el portavoz del PSE, José Antonio Pastor, consideró «tramposa» la iniciativa del PP porque, a su juicio, lo que buscaba sobre todo era desautorizar al Ejecutivo de Zapatero. «Pretenden dar a entender que los instrumentos de verificación para determinar la voluntad de ETA de acabar con el terrorismo están de más y carecen de credibilidad», argumentó Pastor, quien acusó a sus oponentes de practicar una política de «tierra quemada» y de no variarla pese a que «todo ha cambiado».
Era la respuesta a la aseveración de Leopoldo Barreda de que todos habían modificado su reacción ante los ataques, salvo su grupo, y que los posicionamientos de ayer suponían «rebajar» la exigencia a ETA por parte de las instituciones. El portavoz del PP acudió a la entrevista a la banda publicada el domingo en 'Gara' para aseverar que siguen apoyando «el terrorismo callejero» y justificando la práctica de la extorsión «en el tiempo presente». El tripartito también aludió a la entrevista, pero en sentido contrario.
Las fuerzas del Gobierno cuestionaron la voluntad real del PP, aunque aprovecharon la discusión -lo hizo el peneuvista José Antonio Rubalkaba- para afear al PSE su actitud con la tregua de 1998. Rubalkaba aseguró que los populares «a veces dan la impresión de que no quieren que se acabe la violencia», aunque el más duro fue Unai Ziarreta (EA), quien acusó al grupo de San Gil de ser «el principal saboteador» del proceso de paz y le instó a «apartarse a un lado» si no va a sumarse a él. Para Oskar Matute (EB), lo importante era que el Parlamento escenificara su «voluntad de seguir adelante».