Pese a que pueda parecer lo contrario, que en Vizcaya se registren temperaturas superiores a los treinta grados en plena primavera «está dentro de lo previsto». Eso sí, cuesta habituarse, sobre todo si se piensa en lo que aún queda por delante. El comienzo de semana marcó una tendencia que ayer alcanzó su máxima cota. La ausencia de brisa y el alto porcentaje de humedad sofocaron a miles de personas. El viento de componente sur, especialmente en la primera mitad del día, dejó temperaturas que llegaron a alcanzar los 32 grados.
Según explicó Margarita Martín, jefa de la delegación vasca del Instituto Nacional de Meteorología, este tipo de situaciones «son habituales en mayo». Para muestra, un botón. La máxima registrada el pasado año en este mes fue de 35,1 grados. No sólo eso. Desde 1946, fecha en la que comenzó la serie del Observatorio del INM en la antigua terminal de Sondika, se han superado en 28 ocasiones los 30 grados; se llegó a la máxima en 1996, cuando se registraron 36 grados en pleno mayo.
Bajón de temperaturas
Ayer, el viento sur se alió con el denominado 'efecto foehn' -el viento tras superar un obstáculo montañoso, desciende mucho más reseco hacia la costa- lo que multiplicó la sensación de calor. Pero no sólo en Vizcaya, también en los otros dos territorios, donde también se alcanzaron los 30 grados.
Sin embargo, el viento sur dará una tregua durante los próximos días. «El cambio será muy violento. Todo apunta a que vuelve el frío», advierte Martín. Durante las próximas jornadas, el descenso de temperaturas será «acusado» con fuertes rachas de viento. Aunque las lluvias no serán muy copiosas, sí se prevén fuertes tormentas, que en algunos casos pueden descargar granizo. La inestabilidad continuará el fin de semana.