Con el permiso de la Mona Lisa pero, desde los tiempos de Chita, los simios no habían chupado tanta cámara -casi más que cacahuetes- como ahora. Y no digo que me parezca mal, ni tampoco que los chimpancés deban gozar de los mismos derechos que los humanos: también a ellos les dan de comer por rascarse la barriga y a las personas, en teoría, no. Pero lo que sí tengo claro es que la evolución humana no avanza a pasos de gigante, sino más bien de vals: un paso adelante; otro, atrás y vuelta a empezar. ¿Por qué, por ejemplo, si en su día echamos a andar sobre dos patas hemos vuelto a correr sobre cuatro ruedas? Marcos Salvador no lo entiende. Dice que tiene 32 años, «dos piernas y dos bicicletas», y que con eso va desde Algorta, su residencia, hasta donde la vida le lleve.
'Buscamos' a otros ciudadanos como él, que se basten con su motor de cuatro válvulas, capaz de alcanzar las cien pulsaciones por minuto consumiendo grasas en vez de gasoil, un combustible del que sí andamos sobrados en occidente y cuya quema aligera la circulación sanguínea. Nos gustaría conocer su testimonio, para que otros sigan su ejemplo. A pie, claro