Era una etapa esperada, y lo cierto es que no defraudó. Los 50 kilómetros de crono totalmente planos de Pontedera eran un guiño a los rodadores, una llamada para que los especialistas buscaran por todos los medios distanciar a los escaladores ante la avalancha de montañas que se le avecina al pelotón del Giro en las próximas fechas. Y los resultados dejaron claro dos cosas: Jan Ullrich está de vuelta y convencido de sus posibilidades de cara al Tour, su gran objetivo. Y que Ivan Basso es hoy por hoy el más fuerte de la carrera y salvo hundimiento similar al del pasado año, tiene la maglia rosa al alcance.