El Correo Digital
Viernes, 19 de mayo de 2006
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OPINIÓN
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Hablemos
Recuerdo que hace algún tiempo leí a uno de esos filósofos franceses contemporáneos (por lo general, interesantes, pero a la postre tan franceses), que hablaba de la desproporción existente en las sociedades actuales entre la cantidad de información a la que puede acceder cualquier ciudadano y su cada vez más limitada y debilitada capacidad de actuación política. Lo que me trae a cuento algo que oí hace poco en el autobús: cuanto mejores son los aparatos de los que disponemos para comunicarnos, menos cosas tenemos que decirnos. Se lo comentaba un chico a otro alzando irónicamente el móvil y creo que tenía razón. Las paradojas siempre resultan un poco sospechosas, pero me da la impresión de que si pudieran anularse todas las llamadas telefónicas realizadas sin que hayan servido para nada, ni en ellas se haya comunicado nada mínimamente cabal, las compañías de telefonía se arruinarían en poco tiempo. No obstante, a mucha gente le gusta que le llamen, es verdad. Aunque sólo sea para intentar venderle algo. Supongo que se habrán fijado en cómo han proliferado últimamente las campañas de venta a través del teléfono. Uno se siente avasallado. No te permiten que digas simplemente no y adiós. No hay duda de que las telefonistas han sido férreamente adiestradas para evitar eso y tejer con presteza un discurso sin fisuras. Y no sirve de nada intentar confundirlas con preguntas estúpidas, se lo aseguro: lo he intentado. Es imposible desalentarlas. Un amigo me sugirió una fórmula para librarse rápidamente de esa molesta insistencia. Consiste en pedir la información por escrito y al instante despedirse con educación. No diga sí así como así. Es un consejo que le hago. Además funciona. Usted les dice: ya tienen mi dirección, mándenme la información por correo, ya verá. El otro día, el miércoles, se celebraba el día mundial de Internet y a cuenta de eso se dijo (no sé si será cierto, me parece un poco exagerado) que el 75% de los niños entre 9 y 11 años suele navegar habitualmente por la red. En el comunicado se alertaba de que Internet, como hasta ahora la televisión, puede convertirse en un recurso para aparcar a los niños durante horas sin controlar lo que puedan estar viendo. En la actualidad, cualquier muchacho puede en cuestión de minutos tener acceso a cantidades de información sobre lo que sea (su grupo de música favorito, por ejemplo, pero también cualquier otra cosa) mil veces superiores a la que dispusieron los grandes autores del Renacimiento en todos los años de su vida. Pero evidentemente, disponer no significa elegir bien. Ni mucho menos, asimilar. Lo decía Dominique Wolton: «El occidental es un gigante en información y un enano en acción política».



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