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Viernes, 19 de mayo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
La jerigonza etarra no oculta su derrota
Si la forma de usar el lenguaje es un indicador expresivo de la mentalidad del que lo emplea -y lo es absolutamente-, tengo que llegar a la conclusión de que los miembros de la banda terrorista ETA que han hecho su deposición hace unos días están tan encerrados en su burbuja que son incapaces de entender que fuera de ellos hay salvación o una pizca de verdad.

La melaza de palabras, la intensa pérdida de tiempo para no decir casi nada, la catarata de muletillas y frases hueras, propias de quien acostumbra a reunirse mucho, pero sólo consigo mismo, reflejan una organización enferma en su relación con la realidad.

Así, sostiene que todos los «agentes» (qué obsesión con la palabra, para no gustarles la policía) están sometidos a intereses bastardos, van contra ellos, traicionan a Euskal Herria. Son egoístas, serviles y cosas peores, frente a la generosidad, altura de miras y defensa del interés común que ha demostrado esta organización a lo largo de su historia. (Los que tengan duda de este aserto pueden consultar la lista de 832 víctimas mortales, los 80 secuestrados, los 3.000 heridos, los miles de vascos extorsionados y los miles de vascos que han tenido que irse de la Comunidad Autónoma vasca (CAV) por culpa del terrorismo nacionalista vasco).

Resulta muy significativo el pánico que sienten los dos encapuchados a que la certeza de su derrota policial cale también en sus bases, obsesión que dejan clara de saque, y también sus prisas, sus urgencias, sus ganas de que esto avance. Quieren hechos, cuanto antes mejor, lo que contrasta con su vieja idea de que el tiempo es mercancía barata cuando se trata de sumar fuerzas para la revolución.

Vuelven a desplegar esa terminología acartonada, a veces ininteligible, siempre confusa, para dejar claro, entre otras cosas, que Francia tiene que implicarse más en el proceso de creación del Estado vasco independiente. Sabido es que Chirac, y últimamente también Sarkozy con especial ahínco, no paran de hablar del asunto y de promover iniciativas varias, todas ellas tendentes a satisfacer a ETA.

También resulta significativa que otra de sus obsesiones, los medios de comunicación, andemos ahora más ocupados con Zapatero y le otorguemos todo el protagonismo, que reclaman para ellos mismos, reinas mediáticas por vocación. Cómo les molesta que Josu Jon Imaz viaje tanto a Madrid, a ellos, acostumbrados a ir a la capital de España sólo para sembrarla de cadáveres; y qué evidente queda su ilusión infantil: acabar sustituyendo al PNV.

Hablando de traumas infantiles, queda clarísima su nula capacidad de frustración, su escasísima resistencia a la adversidad. Como los niños mal criados, sostienen, y mira que ya han cumplido años, que todo tiene que salir como ellos un día lejano lo soñaron, que como la realidad no coincida con ellos, peor para la realidad, y que no están dispuestos a reconocer que fuera de su campana exista una micra de verdad.

Por si no queda clara su martingala, mil veces repetida a lo largo de la deposición, anuncian que pueden volver a las andadas. Uno no sabe lo que pasa por la cabeza de semejantes lunáticos, pero alguien debería informarles de que, por aquí abajo, hasta bastantes de sus votantes, pongamos 85.000, priman a su brazo político cuando ellos no matan, y no les votan cuando vuelven a asesinar.

Tengo la esperanza de que no se produzcan más asesinatos, estoy convencido de que estamos ante el final de la banda terrorista, de la ETA que hemos conocido pero, ocurra lo que ocurra, no me cabe la menor duda de que la estructura terrorista pierde fuerza, apoyos y se debilita cada día que pasa, incluso entre muchos de los que un día la justificaron.

La banda terrorista no estaría en este juego de comunicados constantes, declaraciones de alto el fuego y amago de bravuconadas si no tuviera la certeza de haber sido derrotada policialmente hace tiempo y de estar trufada por la policía, también desde hace tiempo. Quizás no convenga decir esto para que, como infantiloides que son, no se encabriten, pero es como yo lo veo.

Hay en toda su aburrida perorata un aire cansino, como de repetir lo mismo, piensen lo que piensen la inmensa mayoría de los ciudadanos vascos, incluidos algunos de sus votantes.

Es evidente que estamos ante una gentuza que se ha empleado con saña sistemática, y sangrientamente sostenida en el tiempo, para macerar a una sociedad en el miedo a base de sembrar muertes. Es evidente que trabajar todos los días en la oficina de la muerte le convierte a uno en un enfermo, que echa de menos los tiros cuando no los pega; pero tan evidente como todo eso es que la banda que hemos conocido está derrotada, que no ha conseguido los objetivos que se planteaba: vencer al Estado y aniquilar o neutralizar a todos los que se oponían a sus delirios.

De los ciudadanos vascos, y del resto de España, y no sólo de los gobiernos correspondientes, depende que esta derrota quede patente cuanto antes, también para los criminales que aún no la hayan introyectado.

En los próximos meses el proceso de final del terrorismo puede experimentar una aceleración y esta verborrea etarra quedará como lo que es, un mensaje para ellos mismos y para los muy cafeteros.

En la broza de su jerigonza autista, la banda terrorista esconde su fracaso. Su intento es salvar los muebles de los presos encarcelados, metidos entre rejas por haber macerado en muerte a un país durante más de treinta años.



Vocento