«Silencio. Artista descansando». Dice un cartel al pie de una figura humana de tamaño natural tumbada en el suelo. Lleva la cara en resina de Endika Basaguren, un inquieto artista licenciado por la UPV en 2002 y que sigue los cursos de doctorado en la Universidad Complutense, de Madrid. El mismo cartel aparece en unas fotos en la Estación de Atocha, al lado de distintas personas sin techo ni suelo; alguno por las barbas recuerda a Karl Marx cuando ya se había cubierto de canas.
Basaguren se había instalado ya con su obra a media mañana de ayer. Los demás participantes en Getxoarte 2006 preparaban sus respectivos 'stands' para que el salón abra hoy sus puertas al público. Bajo la enorme carpa instalada en Las Arenas, la actividad crece a medida que transcurre la jornada; en muchos casos consiste en bastante más que en llegar y colgar unos cuadros. Sigue habiendo muchos, pero el número de videoinstalaciones en cuartos oscuros ha aumentado significativamente.
Son 61 los participantes este año y la lista de artistas audiovisuales emergentes, con el consiguiente aumento en el consumo de luz, es más grande que nunca. Incluye a Usoa Areitio, Maider Bilbao, Álex del Río, los colectivos Gro-up y Bulle, Jorge Núñez, Mikel Ochoteco, la pamplonesa Verónica Eguaras, la tolosarra Ingrid Buchwald y Rubén Rodríguez, un santanderino que se licenciaba en 2005 en la UPV y que tiene un pie en Madrid, donde ya ha expuesto en La Casa Encendida. Firma como Bubiboy un vídeo en el que crea la ilusión de un parque con un carrusel pero sin tiovivo.
La factura videográfica llega a tener una calidad fuera de lo común en el trabajo documental que por partida triple presenta Cristian Villavicencio, un joven artista ecuatoriano que hace la carrera en Leioa con una beca. Las imágenes son de un masivo encuentro de una iglesia pentecostal, una función del Circo Holiday y el trajín en una peluquería para personal africano en pleno Bilbao.
Cambios en Salburua
La presencia de artistas de fuera es también creciente y se nota bastante entre los pintores. Pasa con el burgalés Alberto Albor, ganador de la beca Juan Otaola, de Basauri, y con la logroñesa Juana García Pozuelo, que refleja en su pintura la distorsión de la imagen de los mitos clásicos en los modernos videojuegos. Incluso Gorka García, que pinta edificios en plan realista, es de Jerez.
La eibarresa Dámaris Pan presenta una de las obras pictóricas más sorprendentes, basada en su trabajo con niños, y el vitoriano Eduardo Alsasua refleja de forma realista el crecimiento urbano en Salburua. Su representación de un cuadro de luces puede confundir al personal.
Nuria Goiriena ofrece unos curiosos retratos con cinta aislante y el dibujo llega a un gran nivel con las pamplonesas Maitane Moreno y Laida Muruzabal, como también con el asturiano Francisco Meana, que ofrece un mural sobre lo efímero de la vida y de la cosas representado por un niño que juega con pequeños coches accidentados y muñecos que simulan a muertos y heridos.
Sergio Verde, un artista de Carranza de 27 años, becado en el Guggenheim, presenta un trabajo fotográfico crítico con el mundo y sus normas, donde la Tierra es un globo que se pincha. Y Núria Batalla, de Lérida, es capaz de evocar los parcelamientos de la tierra productiva a vista de pájaro con unos delicados dibujos que se dirían hechos a base de pespuntes con hilo y aguja, y luego tratados por ordenador. El resultado es abstracto, pero lo evoca todo.