Este verano, el Alavés tendrá, entre sus muchas inquietudes, una que afecta directamente a su fútbol base. Por una parte, la entidad albiazul reducirá su cantera al suprimir tres equipos alevines y uno infantil como consecuencia de una reorganización diseñada desde dentro, que obligará a un centenar de niños a reubicarse en sus colegios u otros clubes. Por otro, también sufrirá la pérdida de las instalaciones de Betoño al concluir el período de cesión por parte del Ayuntamiento, con lo que el Alavés verá limitada su capacidad de maniobra en cuanto al uso de campos.
Ayer, con motivo de la presentación de la Copa Umbro, organizada por la entidad albiazul, con sede en Betoño, el coordinador de la cantera del Alavés, Valentín Carlos de Vergara, evitó referirse a las modificaciones que afectarán a la promoción. «No es el momento. Me gustaría emplazaros (a los periodistas) a otro momento, porque la situación ahora está un poquito por concretar».
Y es que no sólo debe atender y preocuparse el Alavés estos días por la base de su pirámide futbolística, sino que también está prestando atención a su segundo equipo, el filial, amenazado por la caída a Tercera.