Viktor Debre comienza a asumir que la próxima temporada relevará en el banquillo del Arrate a Jorge Dueñas. Una noticia inesperada, sobre todo para él, que en las horas previas había conocido a través del propio club que se estaban ultimando las negociaciones -a la postre frustradas- con el preparador del Algeciras, Fran Ávila. «La verdad es que para mí también fue una sorpresa, porque tampoco me lo esperaba», reconoce.
«A eso de las tres y media del miércoles estaba tranquilamente en casa y recibí una llamada del presidente. Me extrañó que me citara y, al llegar allí, me dijo directamente que quería que el año que viene yo fuera el entrenador del primer equipo». «Al principio -prosigue- pensé que estaba bromeando, pero pronto vi que su tono era serio. Hablamos, pero ellos tenían claro que no iba a decir que no, porque llevo muchos años aquí, soy de la casa y saben que conmigo nunca han tenido problemas».
Aunque al principio de los 90 ya dirigió al Arrate en la máxima división, el paso de los años y su dedicación en cuerpo y alma a las categorías inferiores del club le habían distraído de ese objetivo. «Siempre te esperas que algún día pueda llegar otra oportunidad, pero como pasaban los años y Jorge Dueñas realmente ha trabajado muy bien, lo veía difícil». De todas formas, la propuesta le llega en un momento crucial, porque comenzaba a plantearse dar un giro a su vida profesional. El desgaste para salvar 'in-extremis' al equipo de Primera Nacional colmó su paciencia. «Es el momento de empezar a trabajar con chicos mayores, porque dentro de poco tendré 50 años -aún tiene 47- y es complicado trabajar con jugadores jóvenes, ya que cada vez me siento más lejos de ellos. La culpa es mía, quizás me cuesta comprenderles y ya no puedo cambiar». Ahora el Arrate le rescata de ese hastío, aunque la misión no será más sencilla.
Halagos a Dueñas
«La verdad es que Jorge ha hecho unas temporadas maravillosas, ha conseguido muchas cosas y tiene muy merecida su página en la historia del Arrate. ¿La diferencia entre los dos? A mí me gusta un balonmano más rápido, más dinámico, y a él le gusta más el control. Creo que esa es la única diferencia. Ojalá que salga bien y la temporada que viene podamos mejorar».
Aunque matiza que «todavía quedan tres jornadas para terminar la Liga», deja entrever algunos cambios. «Tengo las ideas claras, pero los jugadores también tienen que mentalizarse de que vendrá otro entrenador, con otros métodos, y habrán de cambiar el chip. Tendrán que acostumbrarse a trabajar y a jugar de otra forma. No sé cómo acogerán el cambio pero tienen que ayudarme, porque un entrenador solo nunca gana partidos, pero entre todos juntos podemos conseguirlo. Quizás, eso sí -advierte-, al principio será un poco duro».
El preparador húngaro no oculta su filosofía deportiva. «Siempre digo que dentro de un equipo tiene que haber una disciplina, sobre todo porque lo vivimos así quienes vinimos de los países del Este. Disciplina y trabajo, pero sobre todo jugar disfrutando, porque si no es así pocas veces se consiguen buenos resultados».
Le tocará «ver muchos vídeos» y ponerse al día, pero lo primero será planificar el futuro e irse a su país a descansar. «Lo necesito, pues esta campaña lo he pasado verdaderamente mal».