Desde su particular posición en el mundo mercantil -mitad empresarios y mitad trabajadores-, MCC envió ayer dos mensajes importantes a la comunidad económica. El primero iba dirigido al resto de los empresarios: el grupo va a crear un polígono industrial de 285.000 metros cuadrados en Shangai para facilitar la implantación de empresas de la corporación en China, donde creará entre 2.000 y 3.000 empleos. Pasando por encima de las posturas miopes que consideran poco menos que una traición al país cualquier incursión en lugares de bajo coste, Jesús Catania ha encontrado la vía más inteligente para actuar, una vez que producir barato se ha convertido en la única garantía de pervivencia de entramados industriales tan complejos como MCC. China no es un país fácil, ni cómodo; e ir juntos y arropados, compartir costes y recibir asesorías fiables proporciona mayores posibilidades de éxito.
El segundo mensaje tiene como destinatarios al resto de trabajadores. Como ocurre en casi todas las compras de empresas, la adquisición de Brandt aflora algunos problemas de duplicidades y provoca extracostos; en especial, en las líneas de fabricación de frío. Puestos frente a la necesidad de reducir costes y ante la disyuntiva de cerrar plantas y reducir empleos, la dirección ha presentado un plan para ahorrar 26 millones de euros sobre la base de postergar la subida salarial de este año y trabajar más horas por el mismo salario. Al plan le faltan algunos consensos, pero le sobra sensatez y solidaridad.
A la hora de encarar periodos de dificultad, es mucho mejor optar por flexibilizar moderadamente los derechos de muchos en vez de lesionar gravemente los derechos de unos pocos. Trabajar en común y flexibilizar el empleo son dos recetas de validez universal, cuyo uso general arreglaría muchos de nuestros problemas.