Estados Unidos desconfía de México. Esa es la conclusión a la que ha llegado el Gobierno de Vicente Fox después de que su vecino del norte aprobara la construcción de un muro de más de 500 kilómetros en la frontera norte y el envió de 6.000 miembros de la Guardia Nacional para reforzar a la Patrulla Fronteriza. Sin embargo, según el portavoz de la Presidencia, Rubén Aguilar, descarta que sea consecuencia de un fracaso en la política migratoria. No lo ven de la misma manera los gobiernos de la región. Al menos once ministros de Exteriores participarán hoy en la capital mexicana de una reunión de emergencia para discutir las medidas estadounidenses y las posiciones de cada uno de ellos.
Aguilar afirmó que la decisión del Senado de Estados Unidos «va en contra de las tendencias que marcan las relaciones internacionales en el mundo de hoy». Consideró que «la política internacional ahora busca tender puentes y no construir muros» y «lo que la mayoría de los países buscamos es acercar a nuestros pueblos derribando barreras físicas, comerciales y culturales. Quien propone separarlos está fuera de lugar» . «Los muros -sentenció- son señal de desconfianza y ésta nunca será la base de la amistad entre dos pueblos. La construcción de barreras físicas no es la respuesta para alcanzar fronteras seguras y modernas».
Los pasos dados por la Administración Bush para contener la emigración son un varapalo para la palabra empeñada por Fox para llegar a la presidencia, hace ahora seis años. El mandatario mexicano defendía ayer, en una entrevista en el diario 'El Universal', que en materia migratoria, Bush «está poniendo alma, vida, corazón y toda su voluntad política para empujar la reforma que se debate en el Congreso de su país».
Crimen organizado
Fox, siempre optimista, justificaba el envío de la Guardia Nacional y cree que «va por el tema del narcotráfico, del crimen organizado, por el tráfico de personas, inclusive por los pederastas y las violaciones a los niños. La frontera debe tener seguridad y orden, y principalmente está por ahí el tema del terrorismo».
Anualmente unos 500.000 mexicanos emigra a Estados Unidos buscando mejorar sus condiciones económicas para mantener a sus familias. El año pasado los residentes en territorios estadounidenses enviaron a su país de origen unos 18.000 millones de euros en remesas familiares. También anualmente, unas 500 personas pierden la vida intentando cruzar ilegalmente la frontera.
Varias organizaciones de Derechos Humanos y diputados de oposición has asegurado que el endurecimiento de las medidas contra los emigrantes provocará más muertes y violaciones de los derechos humanos.