El Correo Digital
Viernes, 19 de mayo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
POLÍTICA
RAMÓN LÓPEZ FACAL, DOCTOR EN HISTORIA
«El pasado no justifica nunca nada»
«Los países que han conocido mejor la Constitución europea han votado en contra»
«El pasado no justifica nunca nada»
Ramón López Facal, ayer en Bilbao. / MITXEL ATRIO
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
LOS DATOS
Currículo: profesor de Historia en la Universidad de Santiago de Compostela, autor y coautor de una treintena de libros.

Investigaciones: centradas en problemas relacionados con la enseñanza y el aprendizaje de la Historia.

Publicidad

El historiador Ramón López Facal disertó ayer en las jornadas de Aldaketa, entre otras cuestiones, sobre la enseñanza de la Historia y las maneras de entender una nueva identidad emergente: el europeísmo.

-Usted sostiene que la educación formal o escolar pierde importancia respecto a la informal o de los medios de comunicación...

-La enseñanza formal de cualquier materia y más una como la historia, con tantas connotaciones sociopolíticas, es muy limitada. Es decir, un alumno se pasa en clase de ciencias sociales a lo largo de la ESO un tiempo muy limitado, por lo que la mayor parte de información le viene de fuera, y de formatos muy sutiles como la publicidad, los comentarios, la prensa, la televisión, los cómics... De ahí se interioriza gran parte de la información, la imagen que se hacen del pasado no viene de la escuela. Por lo tanto, es absurdo tratar de competir en darles más información correcta en la escuela para intentar contrarrestar las tergiversaciones.

-¿Significa esto que el aprendizaje debe ser más crítico, en el sentido de enseñar a discriminar?

-Donde se debe poner el énfasis es en la enseñanza, no intentar darles más horas de historia sino enseñarles a discernir información, a ser críticos, a dudar de las cosas que se les plantean. Porque eso les puede servir para estudiar el pasado y todo lo demás.

-¿Qué papel cree que juega la historia local, que siempre ha estado supeditada a la nacional?

-Son ámbitos no excluyentes. Lo local es importante, un microcosmos, un reflejo de lo más universal. Es más fácil para unos alumnos interesarse y entender unos problemas locales, que son más fáciles de delimitar y, en ese sentido, son más educativos. Siempre que se tomen desde el punto de vista de entender que los problemas que le afectan a la mayoría de la humanidad son muy similares a los que pasaron en su localidad y tienen una proyección hacia futuro. No creo que se pueda hacer un programa educativo basado sólo en la historia local ni en la nacional. No se pueden poner fronteras.

-En su ponencia habló de las diversas maneras de entender una nueva identidad emergente: el europeísmo.

-El europeísmo es un lugar común que encierra muchas diferencias. Su emergencia viene fundamentalmente de la crisis de la Segunda Guerra Mundial, cuando hay que reconstruir la relación entre aliados que ya no eran enemigos, entre Francia y Alemania por simplificarlo. Eso da lugar a ocultar todo lo que hasta ese momento en la enseñanza de la historia y en el discurso político era el radicalismo nacionalista diferenciador del vecino de al lado que deja de ser enemigo para ser aliado y se buscan lazos comunes.

-¿Sustituirá la Europa de los pueblos a la de los estados?

-Ya he contado cómo se construyó esa Europa de los estados, que es muy poco europeísta en el sentido de que es muy poco integradora. Frente a ella se trata de construir como alternativa la Europa de los pueblos, que es una formulación del siglo XIX, pero que es el discurso al que se han apuntado los nacionalismos subestatales, cuando yo creo que Europa no debe justificarse, ni ningún proyecto político, en el pasado. Es decir, el pasado no justifica nunca nada, porque se puede dar una justificación y la contraria.

-Sin embargo, Europa parece crear todavía muchas dudas cuando su Constitución se ha rechazado en algunos países.

-La Constitución europea no es una Constitución, sino un conjunto de tratados bastante complejo, discutible, muy limitado en derechos y sometido a conocimiento público de forma muy parcial, con textos muy farragosos y partes ocultas a la opinión pública. Los países que la han conocido un poco mejor han votado en contra. No hay un paso adelante hacia una integración europea real, sino en congelar la situación actual y avanzar en más integración económica y menos en derechos sociales.



Vocento