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Domingo, 21 de mayo de 2006
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'Diario del año de la Peste'
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La sencillez y la exactitud eran para Defoe, el autor del 'Robinson Crusoe', algo más que virtudes literarias. De religión calvinista, el escritor inglés creía en la austeridad y en el trabajo, y despreciaba el patetismo que adornaba el estilo de anglicanos y católicos.

'El diario del año de la peste' exhibe las cualidades que, para Defoe, fueron un artículo de fe, una actitud ante la vida. La obra relata los recuerdos de un comerciante de Londres sobre la peste que asoló la ciudad en 1665. Defoe, precusor del periodismo, introduce los datos como uno de los elementos básicos de la narración, en especial el número de entierros en las diferentes parroquias de la ciudad, mientras la enfermedad se asentaba y extendía. El efecto de realidad, aunque sea ficción, es total.

El comerciante se preguntaba si debía abandonar Londres y poner su familia a salvo, como su hermano, o si debía permanecer en su negocio. Como si fuera un reportaje, Defoe retrata el ambiente malsano en las calles, la epidemia de astrólogos y charlatanes que vivían del miedo ajeno, la llamada de los clérigos al sentido común y la preocupación de los gobernantes, que prohibieron las casas de juego y las salas de baile.

En un extraordinario prólogo, Anthony Burguess resalta la educación de Defoe en una escuela presbiteriana, en la que se enseñaban lenguas modernas y se ensalzaban las ciencias y el liberalismo. También le adoctrinaron en la necesidad del sacrificio, lo que desembocó en un estilo literario sobrio y directo.



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