El Correo Digital
Domingo, 21 de mayo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Violencia con Gobierno
El primer ministro de Irak, Nuri al-Maliki, ha presentado al Parlamento el primer Gobierno destinado teóricamente a cubrir una legislatura completa y nacido de las elecciones legislativas del 15 de diciembre pasado. La gran cantidad de tiempo transcurrido desde la jornada electoral indica con claridad las dificultades del proceso. Al-Maliki, un chií conservador moderado salido del partido Al-Dawa, fue escogido por la Alianza Iraquí Unida (el grupo chií que domina el legislativo) como sustituto del primer ministro saliente, Ibrahim al-Yaafari, quien se resistió duramente a ceder el encargo tras haber ganado, por un voto, las primarias en la Alianza.

Al-Maliki ha necesitado casi un mes entero para distribuir el poder entre los diversos actores presentes, y su tarea ha estado guiada por el objetivo central de integrar a los suníes en el proceso político en curso. En principio parece haber conseguido sus objetivos, aunque no ha podido encontrar titulares para los esenciales ministerios de Interior y Defensa, que serán asumidos interinamente por el propio Al-Maliki y el futuro viceprimer ministro suní, Al-Zobai.

Del hercúleo esfuerzo ha resultado un Ejecutivo de amplia base y unidad nacional, medida rigurosamente en porciones de poder atribuidas a las distintas comunidades. Formalmente nadie está ausente y el Gabinete debía fomentar la reconciliación y tener éxito en apuntalar el proceso. Pero nada es menos seguro. No está garantizado que la rebelión, suní en primera instancia, se dé por satisfecha, aunque haya recibido algunas seguridades a cargo de mensajeros del presidente Talabani, que ha negociado en paralelo con representantes de la insurgencia, por no hablar del terrorismo yihadista. De hecho, la presentación del Gabinete fue recibida con dos terribles atentados y el descubrimiento de numerosos cadáveres producto de la violencia sectaria. Una ominosa y trágica señal de lo que le espera a este Gobierno.



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