La desgracia de unos es la suerte de otros. Aunque haya varios siglos de por medio. Hoy en día en el polígono de El Sequero se erige como un gigante la central de ciclo combinado de Gas Natural. Es una parte más del paisaje. Además de convertir a La Rioja en una importante fuente de producción de energía, las obras de construcción ayudaron a recuperar una parte del pasado que los siglos y los sedimentos habían ocultado.
Todo comenzó cuando la empresa anunció su intención de construir la planta en la citada ubicación. Existía un condicionante arqueológico: en el entorno había constancia de la posible existencia de restos de la época romana, según recuerda el arqueólogo Luis Ruiz Zubillaga, que se encargó de las labores que se realizaron en la zona. «Como era un proyecto de bastante envergadura, la Comisión de Patrimonio se aseguró que se controlaba todo lo que se hacía antes de empezar a construir. Según publicaciones antiguas, había un horno en el término de Miralbuena, pero no se sabía la ubicación», relata.
Cual fue su sorpresa, cuando en la primera visita que realizó a la zona, apenas una semana después del comienzo de las obras, vio restos de un posible incendio que revelaba que se encontraban ante un descubrimiento importante. «Se había cavado una zanja para drenaje del agua y en una de las paredes había una mancha de carbón. Estaba claro que era algo de cierta relevancia. Tuvimos la suerte de que estábamos en la zona perimetral de la central; es decir, en ese terreno no estaba previsto construir nada. Eso nos permitió trabajar con más calma»», explica el arqueólogo al tiempo que resalta la estrecha colaboración entre la Dirección General de Cultura, que autorizó los trabajos, y Gas Natural, que se hizo cargo de la financiación.
Las labores de campo en este nuevo yacimiento protohistórico se desarrollaron entre febrero y julio de 2003. Se abrió una zona amplia, de unos cuatrocientos metros cuadrados, alrededor de la mancha, en buscas de posibles estructuras. Y efectivamente, allí estaban. Se trataba de dos fondos de cabaña -un lugar que antaño estuvo habitado y que se caracteriza porque la base está semi-excavada en el suelo-.
La primera de las estructuras sufrió un incendio que ha facilitado la conservación de las piezas encontradas -hay miles de fragmentos de piezas de cerámica y huesos de animales-. Su sorprendente parecido con los restos encontrados hasta la fecha en El Redal permite situarlos en el contexto cronológico-cultural del Bronce Final/Hierro I.
El análisis con el carbono-14 ha permitido incluso situarlos en el siglo VII antes de Cristo. Tras extraerlos fueron trasladados al Museo de La Rioja donde permanecen a la espera de poder arrojar nuevos datos sobre los modos de vida y las prácticas de los habitantes durante aquella época.