Bodegas La Rioja Alta ha decidido profundizar en el plan de renovación de su parque de barricas sustituyendo cada año una media de 5.000 depósitos con más de cinco añadas de uso.
Con ello, destaca la dirección técnica de la empresa, ha conseguido reducir la vida media de las barricas que se apilan en sus naves de crianza de nueve a cuatro años, ajustándose de esa manera a las conclusiones de los estudios que sostienen, en su opinión, que con el paso del tiempo los poros de la madera acaban por taponarse y las barricas dejan, consecuentemente, de respirar «limitando la evolución positiva de los vinos», así como «la aportación de taninos y otros componentes aromáticos».
Para los responsables de La Rioja Alta, el tiempo óptimo dura en el roble americano entre cuatro y cinco años, «momento a partir del cual la madera de las barricas empieza a perder sus cualidades, por lo que deben ser sustituidas por otras nuevas». Para lograr que su aportación sea beneficiosa para sus vinos, la bodega controla como muchas otras firmas del sector incluso todo el proceso de fabricación de las barricas, «desde la compra de la madera de roble americano importada directamente de Estados Unidos y su secado al aire libre durante dos años, hasta su montaje» en el taller donde repara las piezas que presentan defecto en algunas de sus duelas.
Desde la bodega de la Denominación de Origen Rioja se anunciaba, por otra parte, la salida al mercado de uno de los vinos que produce en la bodega gallega del grupo, Lagar de Cervera, perteneciente a la denominación Rías Baixas.
Se trata de un blanco de la añada 2005 elaborado con uvas albariño procedentes de sus viñedos de O Rosal y Cambados, y fermentado en barrica que es definido en su ficha de cata como un vino «envolvente y equilibrado, con aromas a fruta de hueso madura». Ideal para acompañar pescados.