Julio Cortázar, Roahl Dahl o Eduardo Mendoza -«me gustaría parecerme a él»-, son parte del cóctail imposible de este escritor creativo. «Hay dos tendencias... La del todo vale y la sufrida, en la que tienes que leer con mucha concentración encerrado porque no se entiende... Ni una cosa ni otra. La literatura tiene que ser divertida (...). Creo que este libro es entretenido y fácil de leer», dice, y destaca de él lo «cuidado» del lenguaje y la «facilidad» de su estilo.
-¿De qué va 'Ver las estrellas' y otros cuentos?
-Es una recopilación de tres cuentos. El primero de ellos es la historia de un boxeador mediocre y sin futuro. Hasta que un día, de pronto, un americano le da un golpe fortísimo y, de pronto, el tío comprende todos los secretos del universo...Y entonces comienza el cuento...
-¿Pero se vuelve lúcido o idiota?
-Lúcido, lúcido. De verdad, no es como Poli Díaz, sino todo lo contrario. Los golpes le vuelven el hombre más serio del mundo.
-¿Conocía el premio? Y..., ¿por qué se presentó?
-Me presenté el año pasado -sin suerte, pero sobre todo: sin talento- porque el premio estaba muy bien. Además, en España hay premios literarios para novelas, muchos de 'cuentos de 8 páginas'. Pero sólo hay tres o cuatro de recopilaciones de cuentos como este. Y al final a los 'cuentistas' no nos interesa publicar un cuento minúsculo en una revista, sino un libro de cuentos... Además, el premio Viña Alta Río- Café Bretón es uno de los importantes, que, fuera de Logroño, tiene prestigio y está considerado un premio mayor.
-Su inminente novela es una parodia de los best-sellers.
-Sí, pero una parodia suave que también es un homenaje.
-¿Le gusta esa literatura? ¿Qué opina del Código Da Vinci?
-Hay cosas bien escritas y otras no. Michael Crichton, en su primera época, escribía muy bien. Del Código Da Vinci me leí cien páginas y no pude más... Es muy plano, desde un punto de vista técnico, se le nota el andamiaje: algunas descripciones parecen del Larousse, los personajes son previsibles y lo que va a pasar es obvio. No me gustó nada, pero no me importaría escribir así si vendo 40 millones.