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Domingo, 21 de mayo de 2006
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OPINIÓN/Problemas métricos
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Al hablar de problemas métricos, no me refiero a problemas que podamos encontrar en el metro que, en mi modesta opinión, es perfecto. Me refiero a pequeños problemas que podemos plantear los propios clientes.

Quiero hacer constar también que los problemas que yo voy a plantear son subjetivos porque a lo mejor a otros clientes no les afectan. Pero a mí sí, y por eso los comento. Y quiero hacer constar finalmente que no me opongo a que los viajeros que para mí son molestos cambien de actitud: en absoluto. Lo único que hago es eludirlos discretamente y allá cada cual con su cada cuala.

Hace unos días, por ejemplo, me di cuenta de que comenzaba ya a anunciarse la proximidad de la temporada veraniega porque he empezado a ver en el metro, aunque de forma esporádica, exhibiciones de piernas peludas. Ustedes saben que a mí me molesta estar sentado frente a un viajero masculino (los femeninos no me molestan) exhibiendo sus piernas peludas. Admito el derecho de cada cual a exhibir las piernas con sus pelos, pero como a mí el espectáculo no me agrada, lo que hago es buscarme otro sitio y todos contentos.

Otro de los espectáculos que procuro eludir es el de las jóvenes parejas que, impulsadas por un cariño al parecer incontenible y volcánico, no pueden viajar sin darse un beso cada seis minutos como máximo y tres como mínimo. Hace unos días, estando yo sentado, se sentó frente a mí una de estas parejas. Al principio pensé por su actitud, más bien estática, que eran de las de amor comedido, pero me equivoqué por completo. Cuando se dieron su tercera morretada intenté marcharme pero el vagón estaba lleno y resultaba difícil la retirada.

Pensé entonces que podría evitar el espectáculo enfrascándome en la lectura de un libro, pero tampoco me sirvió porque los besos eran similares al sonido que se produce cuando se desatasca un fregadero. No tuve más remedio que levantarme y procurar hacerme paso hasta que la lejanía apagó el ruido del desatascador. Alguna vez he pensado en este tema y, con todo respeto para las parejas de enamorados, me pregunto: ¿Las morretadas en público (sobre todo las prolongadas) son fruto de un amor incontenible que nosotros no conocimos? ¿Se trata de exceso de sinceridad? ¿O es tan sólo ausencia de pudor y respeto a sí mismos y al público en general?



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