Nos dejó un gran sinsabor la última visita a Bilbao del culto y diletante trovador rockero Elliott Murphy. El insatisfactorio encuentro tuvo lugar en el Musiketan el 15 de enero, pero el viernes acudimos al Plateruena de Durango confiados en la ley de la probabilidad: o sea que si Elliott falló una vez (luego nos enteramos de que acaeció por puro agotamiento físico), tenemos asegurados al menos media docena de bolos complacientes. Y no erramos en nuestro optimista cálculo a juzgar por lo gozado durante dos horas y 45 minutos de concierto que nunca se hizo largo.
El Plateruena lucía muy buen aspecto de público, con peña joven, fieles aficionados veteranos que se niegan a rendirse y bastantes chicas, desde novias a bellas que iban solas. Elliott se pudo sentir orgulloso por su capacidad de atracción de un gentío que disfrutó al máximo de un cancionero tan genuino como sólo saben crear los intérpretes americanos. Y es que aunque el neoyorquino resida en París (en su país le han olvidado y no podría organizar una gira digna), no ha perdido la capacidad de escribir (es culto y tiene clase), ni las ganas de comunicar (desde la apostura teatral hasta la fiesta final) ni el ansia de enarbolar el rock and roll como una manera de vivir.
Acompañado por el fiel guitarrista Olivier Durand y una base rítmica también francesa que obró con oficio y un sentido gregario menor del aparente, Elliott se entregó y recogió los frutos antes de un epílogo estirado pero no abusivo. Cayeron 30 piezas (los popurrís los contamos como una) de canción rock de autor a lo Lou Reed, blues de raíz, rock and roll eterno y clásicos reconocibles: gracioso 'Gloria', mascado 'I'm On Fire' del amigo Springsteen, lúdico 'L.A. Woman', un 'Twist & Shout' donde nos agachamos y saltamos con brazos en alto, el 'Satisfaction' para cerrar...
Ya ven qué fiesta, también con hits del Murphy de ayer (recogida 'Drive All Night', emocionante 'Diamonds By The Yard') y hoy ('Green River', 'On Elvis Presley's Birthday'), con ritmos que iban de los algodonales hoy subvencionados al Nueva York dinámico, con el respetable gozándola, deseando que nunca terminara, coreando y dando palmas con los ojos abiertos a tope y todos los poros absorbiendo el R&R, en comunión con Elliott.