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Domingo, 21 de mayo de 2006
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VIZCAYA
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El Bizcaya, campeón
En abril de 1903, y tras obtener el año anterior el Trofeo de la Coronación de Alfonso XIII, el Athletic Club y el Bilbao F.C. se fusionaron de manera definitiva en un único y prometedor equipo
El Bizcaya, campeón
CAMPEONES. Equipo que se impuso por 3 a 2 al Madrid el 8 de abril de 1903. / EL CORREO
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Athletic Club y Bilbao F.C. midieron sus fuerzas por dos veces a finales de 1901. Ambos partidos terminaron en empate. «Para las tres y cuarto de la tarde -pudo leerse en El Nervión el 20 de enero de 1902- estaba ayer anunciado el partido de 'football' entre los primeros 'elevens' de las sociedades Bilbao F.C. y Athletic Club, en los campos de Lamiaco».

Era la tercera vez que se veían las caras y, de alguna manera, se quería que fuese la definitiva. De este partido habría de salir el mejor. Quizás por eso se cobró entrada para ver el 'match'. Los jugadores «athleticos» -Arana, Silva, Astorquia, Sota, Barquín, L. Silva, Eguren, Goiri, Larrañaga, Acha y Mills- saltaron al campo con flamantes camisetas azules y blancas. Por el contrario, los del Bilbao F.C. se presentaron en cuadro. Sólo salieron al campo tres jugadores. Sin ocultar su enfado, su capitán, el inglés Langford, estaba decidido a que comenzara el partido. Por fortuna, antes de proceder a lo que hubiera sido una patochada deportiva, se impuso la cordura y se esperó a que llegasen más jugadores.

El choque dio comienzo con la presencia en el campo de diez jugadores del Bilbao -Ansoleaga, Arana, Cockram, Renovales, Langford, Mangkins, Ledik, Dyer, Lec y Evans. La superioridad numérica del Athletic quedó patente durante el primer tiempo que terminó con un contundente 3 a 0 a su favor. En la reanudación, y ya con el equipo al completo, el Bilbao F.C. logró reducir las diferencias y colocar el 3 a 2 final en el marcador.

Sin embargo, a pesar de la rivalidad, las relaciones entre ambas sociedades eran muy cordiales. Prueba de ello fue que, de cara a disputar el que sería el primer partido internacional de su historia, los dos equipos se fusionaron. El resultado tuvo como nombre Bizcaya, y su estreno se produjo el 9 de marzo de 1902 en Burdeos. Allí se impusieron por 2 a 0 a los locales del Burdingala. La crónica aparecida al día siguiente en el diario La Petit Gironde no dejó dudas sobre lo sucedido. En ella se reconocía que «el 'team' español es muy superior. Sus medios sirven admirablemente a los delanteros». Días más tarde, el 31 de marzo, tal y como dictaba la cortesía futbolística de entonces, el equipo francés devolvió la visita a los bilbaínos. Ganaron éstos por 7 a 0.

En el terreno doméstico, la primera gran ocasión que tuvo el Bizcaya de medir sus fuerzas con equipos nacionales se presentó en mayo de 1902. Con motivo de los fastos preparados para celebrar la coronación de Alfonso XIII, se organizó un torneo al que acudieron los cuatro equipos más famosos del momento: el Barcelona, el Madrid, el Español y, cómo no, el Bizcaya. Los bilbaínos jugaron su primer partido el 13 de mayo frente al Español. Ganaron por 5 goles a 1. Ese mismo día, el Barcelona le endosó tres goles al Madrid.

Apuros económicos

Veinticuatro horas después el Bizcaya se midió, precisamente, con los madrileños. De nada les sirvió a los de la capital las ansias de agradar a su público, pues volvieron a caer derrotados. En esta ocasión por un inapelable 8 a 1. Finalmente, el 15 de mayo los dos mejores equipos, el Bizcaya y el Barcelona, se vieron las caras en la final. El 2 a 1 a favor de los bilbaínos los convirtió en los primeros campeones de la historia. Los jugadores que compusieron aquel 'eleven' para el recuerdo fueron: Luis Arana, Careaga, Larrañaga, Luis Silva, Amado Arana, Goiri, Cazeaux, Juan Astorquia, Dyer, Ramón Silva y Evans.

La consecución de la Copa de la Coronación y las posteriores victorias que el Bizcaya obtuvo en sus enfrentamientos con el Burdingala, además de los acostumbrados choques entre el Bilbao F.C. y el Athletic Club, hicieron que la afición al fútbol de los vizcaínos aumentase de manera considerable. No obstante, una cosa era el gusto y otra el dinero necesario para mantener las respectivas sociedades deportivas. A comienzos de 1903, ambos clubes pasaron por serias dificultades económicas. Para evitar lo que muchos ya se temían, el 29 de marzo de ese año se celebró una gran asamblea entre los socios de los dos clubs bilbaínos. En ella se decidió el ingreso del Bilbao F.C. en la sociedad deportiva del Athletic Club.

El estreno del Athletic Club de Bilbao se produjo en abril de 1903, cuando acudió a jugar el primer campeonato nacional de fútbol junto al Madrid y al Español. En el partido de estreno el Athletic derrotó por 3 a 1 a los catalanes, que también habían perdido frente al Madrid. La final se disputó el 8 de abril. Athletic y Madrid se vieron las caras en un encuentro en el que, como dijo Juan Astorquia a sus compañeros: «Hay que triunfar por encima de todo».

El choque fue todo un anticipo histórico de lo que, a partir de entonces, habrían de ser los partidos entre bilbaínos y madrileños. Un juego reñido, de poder a poder, en un ambiente hostil para los visitantes, pero que en ningún momento se acobardaron por esa causa. Al final, el marcador reflejó un 3 a 2 favorable al Athletic, que lo convirtió en primer campeón oficial del fútbol español.

Y como si se tratase del principio de una gran historia, también el recibimiento se transformó en modelo a seguir para las futuras celebraciones de los triunfos del Athletic. Al llegar el tren a la estación se dispararon cohetes, y «la Banda de Música del Regimiento de Garellano que estaba en el andén, ejecutó el pasodoble Athletic Club». Y no sólo en Bilbao se vivió la euforia y se disfrutó de aquel triunfo, sino que según decían «los expedicionarios, en Madrid reina gran entusiasmo por el Athletic Club, y prueba de ello es el haberse constituido allí una filial de la sociedad, habiendo quedado nombrado presidente don Enrique Allende».

Los bilbaínos fueron los primeros campeones sin discusión alguna y Bilbao la ciudad que, por primera vez en la historia, recibió a unos futbolistas como si de héroes del pueblo se tratasen. Quizás por ello, la afición viva y sienta las derrotas y los temores al gran desastre como si de todo un reto a su propia historia se tratase.



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