El Correo Digital
Lunes, 22 de mayo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Excesivo consumo y falta de espacio
No me refiero con el título a un utilitario que chupe más gasolina que el Zippo de Polifemo y en el que al sentarte te des con las rodillas en la mandíbula; aunque bien mirado, podría servir como metáfora de lo que voy a referir.

Mi amigo Andreu Martín, estupendo escritor y excelente persona, me ha descubierto un libro de Isaac Asimov -el autor de la famosa serie de novelas de ciencia ficción 'Fundación'-, 'Introducción a la ciencia', publicado en el ya lejano año 1973. En esta obra, Asimov afirma que si la población mundial continúa duplicándose cada treinta y cinco años, como de hecho lo hace -y supongo que lo ha hecho desde que él escribió el libro-, en el año 2600 se habrá multiplicado por cien mil y alcanzará la desorbitada cifra de seiscientos treinta mil millones de personas. Llegado ese momento, la Tierra sólo podrá ofrecer espacio para que esa desaforada población esté de pie, ya que corresponderían tan sólo tres centímetros cuadrados por habitante en la superficie sólida, incluyendo en ésta Groenlandia y la Antártida. Y me imagino que este cálculo es generoso porque en 1973 Asimov no previó el avance del mar por efecto del provocado calentamiento del planeta y el consiguiente deshielo de los casquetes -con perdón- polares.

Es más -continúa Asimov-, si la especie humana persiste en su multiplicación al mismo ritmo, en 3550 la masa humana equivaldría a la de la Tierra. Esto me recuerda aquel cuento de Borges en el que se había llegado a un arte de la cartografía tan exhaustivo y realista que el mapa del imperio tenía la superficie del imperio.

Se puede objetar que la salida de la Humanidad está precisamente en salir de la Tierra, en colonizar otros planetas. Así, todos seríamos emigrantes. A este respecto, Asimov calcula que aun suponiendo que hubiera un millón de millones de planetas habitables, accesibles y deshabitados, de superficie semejante a la de la Tierra, para el año 5000 estarían igual de abarrotados. Y para el 7000, la masa humana sería igual a la de todo el universo conocido.

Asimov escribe: «Evidentemente, la raza humana no puede crecer durante mucho tiempo al ritmo actual, prescindiendo de cuanto se haga respecto al suministro de alimentos, agua, minerales y energía. Y conste que no digo no querrá, no se atreverá o no debería: digo lisa y llanamente no puede.»

No parece probable que lleguemos a enfrentarnos a este problema de falta de espacio. Antes, terminará con nosotros la extenuación de recursos. No acaba uno pereciendo en el aplastamiento comunitario porque antes la diña de sed. La reserva de recursos del mundo no podrá soportar la demanda de energía de China e India cuando lleguen a ser primeras potencias económicas. Los chinos son muchos, ni se sabe exactamente cuántos, unos mil millones. Y demasiado trabajadores, constantes como el óxido, no descansan, igual que los tontos.

El capitalismo ha llegado a ser tan eficaz, el sistema ha funcionado tanto respecto a convertir la aldea global en un inmenso mercado ofertante de bienes de consumo de imparable proliferación que se demandan obsesiva y crecientemente, bajo la idea inferida de que el consumo es preciso para ser feliz, que su propio éxito será la causa de su extinción: se devorará a sí mismo.

Y mientras, si falta espacio, siempre quedarán los grandes territorios de todo el África Central; paisajes idóneos para que proliferen fincas para privilegiados cuando la molesta población autóctona, que no se resigna a espicharla con mansedumbre y da la tabarra llamando a las puertas de Europa, termine de desaparecer gracias a guerras civiles, hambrunas, el sida y cualquier otra auténtica arma de destrucción masiva nueva si éstas no bastan.



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