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Lunes, 22 de mayo de 2006
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CULTURA
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«Un periodista deja de serlo cuando atiende a inquietudes del poder»
En su novela 'En primera línea' aborda la trayectoria y los problemas de unos informadores de TVE en los ochenta
«Un periodista deja de serlo cuando atiende a inquietudes del poder»
INFORMACIÓN. Baltasar Magro, en la redacción del programa que dirige. / JOSÉ RAMÓN LADRA
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EL PERSONAJE
Nació en Toledo en 1949.

Estudió Magisterio, Filosofía y Letras y Periodismo.

Trayectoria: La mayor parte de su carrera ha transcurrido en TVE, en especial en 'Informe Semanal', programa que dirigió. Ha presentado el telediario y dirigido el programa de investigación 'Teleobjetivo', en TVE. Ha trabajado además en Telemadrid y Telecinco, y colaborado en 'El País' y 'Ya'. Ahora dirige 'De cerca'.

El libro

Título: 'En primera línea'

Editorial: Rocaeditorial. 281 págs.

Precio: 18 E.

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Baltasar Magro es uno de los periodistas de más larga trayectoria en la televisión española. Hoy dirige el programa de entrevistas 'De cerca', pero ha estado vinculado muchos años a 'Informe Semanal', que dirigió una etapa y para el que realizó numerosos reportajes. De ese trabajo, las presiones, la censura, las frustraciones, los éxitos y las difíciles relaciones personales de un grupo de periodistas habla en su quinta novela, 'En primera línea' (Rocaeditorial), una visión lúcida y a ratos amarga de la profesión a la que ha dedicado más de media vida.

-En su relato un grupo de periodistas investiga asuntos turbios: conspiraciones, expolio artístico, venta ilegal de armas... Cosas muy reales aunque diga en la última página que es un libro de ficción.

-La novela mezcla ficción y realidad, algo que es inevitable en relatos de este tipo. La ficción está más en los personajes protagonistas, que son inventados, pero el entorno en que se mueven y las situaciones que investigan son reales. ¿Reales al 100%? Hay materiales que he reelaborado para darle forma literaria pero el sustrato es cierto. Cuando los periodistas investigan un asunto de venta de armas químicas a Irak, es real. Cuando se adentran en el mercado ilegal de pesticidas, es real, como también lo es que ese reportaje nunca se emitió y estará en las catacumbas de TVE.

-En su novela esas presiones y censuras se dan en TVE, pero usted también ha trabajado en otras cadenas. ¿No existían en ellas?

-Las dificultades son reales en cualquier medio, pero no tengo tanta experiencia en otros como para construir un relato. Yo conozco sobre todo TVE, que además debería haber sido un modelo para las demás cadenas en cuanto a calidad de programas e investigación sobre la actualidad, y no lo ha sido. Pero, de todas formas, yo he querido ir de lo concreto a lo general, para que el lector compruebe a partir del trabajo de los periodistas lo que ha sido la evolución del medio.

-¿Y los jefes? Aparecen como tipos pusilánimes, periodistas más preocupados por agradar a los políticos que por la información...

-Es que los periodistas que se convierten en jefes son los que deterioran lo que se ofrece al espectador. Los tres personajes protagonistas van cambiando con el paso del tiempo, y hay una, Helena, que poco a poco se va amoldando a lo que dicen sus jefes y se va corrompiendo en su trabajo. Son periodistas que traicionan la filosofía que debe animar nuestro trabajo, que atraviesan fronteras que no se pueden atravesar.

Inconformidad

-¿Qué fronteras?

-Hay una que no se puede pasar nunca: la de la inconformidad, la de estar lejos del poder para criticarlo, para ver las cosas con frialdad. El periodista no puede ser alguien poderoso en un medio, porque en cuanto atiende a inquietudes del poder dejará de ser periodista y además manipulará a quienes trabajan bajo su mando.

-¿Ha escrito una novela sobre estos asuntos porque hacer un libro-reportaje habría sido conflictivo?

-Ante todo, yo soy novelista. Ésta es mi quinta novela. Hay ensayos sobre lo que pasa en TVE, pero circulan por ámbitos académicos alejados del gran público. Yo quería contar algo que llegase a ese público, una visión que fuera más entretenida. Además, en un trabajo científico es necesario ser muy preciso con los datos, dar nombres concretos, y no me apetecía.

-¿Qué le ha movido a escribir justo sobre esto?

-Mi primera novela fue sobre un personaje del siglo XVI en Toledo. La segunda sobre otro del siglo XVII. Mi hija me preguntaba: '¿Por qué no escribes de tu mundo?' Yo al principio pensaba que había que poner distancia con lo que se escribe, pero luego he visto que lo lógico es detenerse justo en aquello en lo que uno se mueve. Mi hija tenía razón y por eso le dedico el libro.

-¿Es difícil escribir de temas sobre los que en su momento conoció datos que se vio obligado a no revelar? En la novela, un directivo de TVE dice a la protagonista que debe tener más sentido de Estado...

-En la vida real, esa frase me la dijeron a mí. Es un tema muy delicado, efectivamente. Por eso es la novela que más me ha costado. Al principio, inundé el relato de datos, porque no podía dejar de ser periodista. Luego fui quitando. Y hubo otras cosas: un personaje secundario estaba tan perfilado que podía ser identificado con alguien real, y no quería que eso sucediera, no quería distraer al lector del asunto central: la relación entre los personajes y la evolución del medio.

-¿Se ha sentido libre escribiendo o ha habido alguna autocensura?

-Me he sentido bastante libre. Lo único que he controlado es eso a lo que me refería antes: evitar dibujar tanto a algunos personajes que fueran demasiado identificables. El resto lo he escrito con total libertad y a corazón abierto.

-¿Más libre que cuando hace reportajes para TVE?

-(Se ríe) Yo he tenido mucha suerte y lo tengo que decir. Mis limitaciones han sido siempre razonables. Tal vez por eso he llegado a donde he llegado, porque yo nunca he ocupado ningún cargo ejecutivo. Sólo he tenido dos experiencias traumáticas y las dos aparecen en la novela.

-Leyendo el libro, parece que la transición no fue, política ni socialmente, tan modélica como se ha dicho.

-La transición permitió un cambio político espectacular, pero aquello no fue un paraíso. Hay aspectos oscuros, que no se han desvelado y quizá nunca se desvelen. Salimos de un túnel, es cierto, pero pagamos un precio alto. Y creo que se tardará mucho tiempo en ahondar en algunos aspectos con la suficiente imparcialidad.



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