La corrida de los Guardiola tuvo más cuajo que ninguna de las nueve lidiadas en San Isidro. La costumbre es echar toros parejos. Esta vez fue uno de cada familia. Tres toros cinqueños dieron menos peso que los tres cuatreños. No fue corrida de tres y tres, sin embargo.
Embistió con más clase que ninguno el segundo. Con más corazón que potencia. No muy acertada ni afortunada la lidia de Javier Valverde. Al final, ya agobiado, el toro claudicó. Amagó con pararse y apreció buscar las tablas con la mirada, pero fue dócil. Pareció toro de triunfo, pero ahí se quedó.
El aire de la faena fue despacioso. Buen trato del toro. Sobre todo en la apertura, cuando Valverde le midió las fuerzas y se dejó ir. En tres tandas de no mal vuelo, Valverde abusó de torear a la voz. El toro obedecía pero pedía más espacio y tregua. Hubo un desarme por el viento y un error de colocación. Luego perdió gas la cosa. El toro se vino abajo porque le pesaban distancia y terreno, un pinchazo, una estocada desprendida y adiós.
Su ventaja fueron las dimensiones. Era, además, bajo de agujas. No abundan. Pareció que iba a morir en la puerta de chiqueros y en tablas, pero con la espada dentro se resistió. Ovación en el arrastre. Como él no salió otro. El primero, burraco de pinta y grande, escarbó, se resistió y tomó al galope la muleta. Iván Vicente acompañó los viajes sin enganchar al toro en tres tandas. El toro empezó a perderse. Una estocada.
El tercero, cinqueño muy cumplido, fue codicioso y con fondo fiero. El toro galopó en banderillas y vino pronto en la muleta, pero con son pegajoso. Por rebrincarse, acusó el vicio más de lo normal y acabó reponiendo. Mucho toro para torero en cuarto creciente. El toro acusó el resabio de la edad pronto y ganó. El cuarto, cinqueño también, salió buscando puertas. Estampidas que tuvieron armonía de galope. El ruedo, en alarma. Vivo en banderillas, se lo pensó cuando hubo que trabajar y no dejó a Iván ponerle la mano en los pitones. Muchos sustos y nada claro.
Valverde recibió a un quinto de gran tamaño y menguadas fuerzas que fue al suelo al primer muletazo. El sexto fue buen toro pero frágil. Se sentó una vez y se vino a plantar rendido antes de topar ya roto. A pulso bueno, Cruz le pegó muletazos. Torero descarado, pues. Y una estocada estupenda.