Resulta de lo más engañosa la comedieta sentimental que hoy nos ocupa, protagonizada por una chica con fobia al matrimonio... hasta que conoce a su particular príncipe azul. Escrito así, la premisa argumental de 'Bodas por encargo' puede parecer ridícula... Y lo es, por culpa de un guión con más agujeros que un colador. Al tiempo, la evidente inoperancia de los dos coprotagonistas masculinos -empleados en una revista especializada en bodas cursis-, David Sutcliffe y Taye Diggs, se muestran incapaces de hacer frente, cinematográficamente hablando, a la hermosa Heather Graham ('Las aceras de Nueva York').
Producto al agua de rosas, pues, menos una película que una mercería, almibarada, tontorrona e ingenua hasta el despropósito, cuyo desarrollo argumental es de una triste, desusada y tediosa incoherencia. Apena ver a qué grado de estulticia ha llegado el glorioso género de la comedia tradicional, cultivada últimamente por destajistas del montón, con una incuria digna de juzgado de guardia.
En fin, cuando ya se creía que la comedia romántica más ñoña era un subgénero abandonado en aras de una mayor pulsión 'sexy', 'Bodas por encargo' viene a demostrar lo difícil que resulta la extinción de las fórmulas aunque estén caducadas. Y desde una óptica que prescinda de cualquier comentario cinematográfico, es descorazonador constatar el grado de vulgaridad al que ha llegado este tipo de realizaciones, reservadas en exclusiva a los impenitentes degustadores del cine sonajero.