Parecía una pieza acorralada y al alcance de las manos pero, refugiado en su guarida, el Akasvayu enseñó las fauces, estiró el cuello y apretó la mandíbula con todas sus fuerzas. En ese gesto reflejo se llevó por delante al TAU Cerámica. Demasiado espeso, febril por momentos, descabalgó el equipo vitoriano en el Fontajau. La serie se equilibra. Renace y, en consecuencia, se estira. Todo en el aire tras dos asaltos. Aguarda otro par como mínimo. Paciencia.
Esta igualada en la eliminatoria resultó factible debido a la metamorfosis sufrida por ambos duelistas. Menguó la armadura defensiva del Baskonia, demasiado a tenor de la importancia de la reunión. Y su oponente, el mismo que no mereció ni un mísero aplauso en la apertura del cruce, avanzó con el maquillaje adecuado para la ocasión. La cara, tiznada. Listo para sufrir. Predispuesto a saltar por cada balón. Sacrificado. Lógico debido a su delicada situación.
El caso es que su labor sorda -medalla de oro al estajanovista Kammerichs, quien ahogó a Prigioni y Ukic por el mismo precio- dio resultados. Luego, un renacido Fran Vázquez culminó el trabajo en el territorio azulgrana.
Esa reanimación gerundense es lo peor del 83-74. El Akasvayu se percató ayer que apropiándose de la fórmula baskonista -morir en defensa y disfrutar adelante- suele dar grandes réditos. Al TAU, de hecho, le ha ido de maravilla en los últimos tiempos. Esa apertura de miras del nuevo rico de la ACB, quien en este segundo acto sí pensó en plural, enturbia el tránsito vitoriano hacia el siguiente nivel de los 'play off'. Cuidado.
De la mano de Scola
Y mira que los de 'Peras' aguantaron el tipo hasta el ecuador de la comparecencia. Es cierto que saltó sin la chispa del pasado jueves, cuando se impuso con autoridad por 80-68, pero en esos veinte minutos iniciales le bastó con el embrujo de Scola. Hizo quince puntos y ocho rebotes. Aunque se le vio muy solo.
El engranaje azulgrana se movía a tirones. Porque, sorprendentemente, la defensa venía de manos catalanas. En ese tramo, los locales, hipermotivados ante su público, lanzaron varias oleadas. Casi todas desde la distancia. Y ya se sabe que cuando a este equipo le entran los tiros, su figura se agranda.
No obstante, cada cañonazo del Akasvayu fue convenientemente respondido por el inquilino del Buesa Arena. El electrónico se movía más que la bolsa. Los empates se sucedían, pero las sensaciones le dejaban a uno con la mosca detrás de la oreja. Aun así, el Baskonia alcanzó el intermedio pegado al lomo local (42-41).
Los malos presagios tomaron forma en la reanudación. Fran Vázquez, el chico que prefirió Girona a la aventura americana, emergió de las tinieblas. Encadenó cuatro aciertos seguidos que sonrojaron a su par, Drobnjak, y abrieron la primera sima importante de la matinal (54-46, minuto 25). Tiritó el Baskonia ya que ni conseguía amoldarse a la silueta gerundense ni acertaba a hollar el aro contrario. Los papeles, de hecho, se habían intercambiado. La solidez vestía de rojo y naranja, los colores del Akasvayu. La duda iba cosida al logotipo del TAU.
Cambios constantes
Intentó Perasovic revertir la situación girando la rueda de las rotaciones. No hubo opción a ningún cambalache. También recurrió a una zona 2-3. Sin embargo, la desventaja se mantuvo. Agotó tiempos muertos antes de lo previsto. Pero el Akasvayu seguía tan firme como aplicado.
Ardía la grada -despoblada por la decisión de la directiva de pedir cuartos a sus abonados- ante la exhibición de los suyos. Raül López, McDonald o el propio Kammerichs se unieron a la fiesta. Y el TAU alimentó su escasa esperanza desde la línea de tiros libres. Argumento insuficiente. Así que no hizo falta ni de disputar los últimos segundos. McDonald agotó el bote aguardando el final, mientras que el Fontajau estallaba de euforia. Por el primer triunfo de su historia en el 'play off' y porque la serie se anima.