Dos meses menos un día ha tardado José Luis Rodríguez Zapatero en anunciar que mueve ficha como respuesta a la tregua de ETA. Y todavía pasarán algunas semanas antes de que ese movimiento se materialice -algunos creen que será después del referéndum de Cataluña- por lo que habrán transcurrido tres meses de alto el fuego cuando Josu Ternera se vuelva a ver, ahora de manera oficial, con un enviado del Gobierno.
El presidente formuló ayer su anuncio en el BEC haciendo como que no había oído las declaraciones que una semana antes realizaron dos dirigentes de ETA encapuchados. Ignoró también el rebrote de violencia callejera de los últimos días, los ataques a sedes del PNV y a la casa de una concejal del PSE que han echado por tierra todas las explicaciones que se quisieron buscar para los dos primeros incidentes violentos, los sucedidos en Barañain y Algorta, y que demuestran que los grupos de kale borroka siguen agazapados a la espera de que les den órdenes de ponerse en marcha.
El Gobierno ha tenido en cuenta solamente que ETA no realiza atentados y que la extorsión a los empresarios, con la salvedad de las cartas de las primeras semanas tras el alto el fuego, se lleva a cabo sin alharacas, con una discreción tal que evita tener que dar explicaciones. Lo importante para el Ejecutivo es que la actividad de la banda está paralizada y el resto se incluye en la categoría de cuestiones menores que pueden ser obviadas en aras del interés superior que es mantener el cese de la actividad terrorista.
Con el anuncio de ayer, el presidente del Gobierno gana tiempo y margen de acción política, aunque no da respuesta a todos los apremios que ETA y Batasuna estaban planteando en los últimos días. Zapatero está dispuesto a reunirse con ETA, pero de la legalización de Batasuna sólo hizo referencias genéricas -respeto a los procedimientos legales, renuncia a apoyar la violencia- que no van a hacer mucha gracia a la izquierda abertzale. Y otro tanto ocurre con la mesa de partidos.
El presidente del Gobierno ha respondido a las prisas mostradas por la izquierda abertzale con un movimiento que no va a darle satisfacción a ésta, aunque sí le va a permitir ganar la batalla de imagen ante la opinión pública que percibirá a un Zapatero que no está parado en este proceso.
El movimiento del jefe del Ejecutivo pone en cuestión el orden de preferencias establecido por ETA y Batasuna, que dan prioridad a la negociación política, canalizada a través de la mesa de partidos, frente a lo que ellos mismos han llamado «mesa de desmilitarización» entre el Gobierno y la banda. La primera, reclamada el viernes por Otegi, quedó olvidada en el discurso de Zapatero, que se dispone a poner en marcha la segunda.
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