Las vacaciones tuvieron ayer un final trágico para siete marroquíes al sufrir un accidente el autocar en el que viajaban desde Tánger a sus residencias en Bélgica cuando circulaban por la A-I en Madrid. Además de los siete fallecidos, entre ellos un niño de 18 meses, los otros 26 viajeros que ocupaban el autobús resultaron heridos de distinta consideración, de los que siete se encuentran en estado grave. Las primeras investigaciones apuntan a que la causa del accidente pudo ser una distracción del chófer, aunque no se descarta que el reventón de una rueda desencadenara la tragedia. Los dos conductores, de origen marroquí y nacionalidad belga, dieron negativo en el control de alcoholemia y no rebasaron los límites de velocidad.
El autobús con matrícula de Bélgica y catorce años de antigüedad había partido en la noche del sábado de Tánger con 33 pasajeros a bordo, todos marroquíes que regresaban de pasar unos días de vacaciones en su país. No llevaba ni la mitad del recorrido que debía hacer para llegar a Bruselas cuando ocurrió el accidente, a las 9.15 de la mañana de ayer en el kilómetro 47,900 de la A-1 (Madrid-Irún), a la altura de Pedrezuela, un pequeño pueblo de la serranía madrileña. El conductor perdió el control y el vehículo comenzó a dar bandazos, se salió de la carretera por el margen derecho, se llevó por delante más de 50 metros de valla protectora, volcó sobre un lado y chocó contra un árbol. En el impactó perdió una parte del techo. La mayoría de los pasajeros quedaron atrapados en el interior del autobús.
El Servicio de Emergencias 112 envió a más de un centenar de personas para que participaran en las labores de rescate. En el lugar del accidente se presentaron cinco dotaciones de Bomberos, cuatro ambulancias UVI y dos helicópteros. Los Bomberos tuvieron que sacar a varias víctimas atrapadas entre la carrocería o los asientos del vehículo, convertido en un amasijo de hierros.
Los heridos fueron atendidos junto a la parte trasera del autobús, donde los equipos de asistencia desplegaron una lona para desarrollar su trabajo. A pocos metros, los servicios asistenciales colocaron los cadáveres, alineados y cubiertos con mantas. Los cuerpos de las siete víctimas mortales fueron trasladados al Instituto Anatómico Forense para realizarles la autopsia.
Los heridos, entre ellos dos niños hermanos y su madre, ingresaron en seis hospitales de la capital. La Comunidad de Madrid destinó a un grupo de psicólogos para atender a los afectados y a sus familiares, al tiempo que informó del accidente a los embajadores en España de Marruecos y Bélgica. A última hora de ayer permanecían ingresados 24 de los 26 heridos, siete de ellos en estado muy grave con traumatismos craneoencefálicos, hemorragias y fracturas.
Fallo humano o reventón
La Guardia Civil ha iniciado barajaba ayer dos hipótesis sobre las causas del siniestro. Según informaron fuentes de la Dirección General de Tráfico, el equipo de investigación sostiene que pudo deberse a un fallo humano, «una distracción o somnolencia del conductor», aunque tampoco descarta que el reventón de una rueda del autocar hiciera perder el control de vehículo al chófer. De hecho, los agentes que acudieron al lugar del accidente comprobaron que la rueda trasera derecha estaba dañada. Efectivos de los Bomberos y la Guardia Civil mantuvieron acordonada la zona hasta última hora de la tarde para recoger indicios que arrojaran algún pista sobre el origen del siniestro. El Juzgado de Alcobendas se ha hecho cargo de la investigación.
El conductor, Mustafa Zauid, declaró ayer que el vehículo sufrió «un pinchazo» en una rueda, que le hizo perder el control. El segundo chófer manifestó, por su parte, que en el momento del accidente él estaba dormido porque había llevado el autobús en la primera parte del viaje, pero afirmó que el siniestro se produjo «por un problema en una rueda». Recordaron que el vehículo disponía de «todas las garantías técnicas necesarias para el transporte de viajeros».
Los responsables de Tráfico pudieron comprobar que contaba con todos los permisos de circulación en regla. Sin embargo, las mismas fuentes apuntaron que el autobús, de dos plantas, es un vehículo «bastante antiguo» ya que fue matriculado en Bélgica en 1992 y lleva 14 años circulando.
Carretera sin peligro
Los investigadores de la Guardia Civil descartaron que el estado de la carretera o el exceso de velocidad influyeran en el siniestro. El tramo donde se salió el autocar de la carretera no era peligroso. Es una recta en la que la única dificultad era un ligero cambio de rasante que no entrañaba ningún riesgo para la conducción. Además, la velocidad del autobús estaba dentro de los límites permitidos según determinó el tacógrafo del vehículo, y el conductor dio negativo en el control de alcoholemia.
Las tareas de limpieza de la vía obligaron a cortar el tráfico de la autopista durante horas. Hizo falta una grúa de gran tonelaje para poder retirar de la calzada los restos del autobús.