El Correo Digital
Martes, 23 de mayo de 2006
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OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Religión del fútbol
Con una cierta ingenuidad, se preguntaba una lectora barcelonesa por qué se habían reunido muchas más personas en la Plaza de Cataluña para festejar el triunfo de un equipo de fútbol que para reivindicar su propia vivienda. Pues, paisana mía, porque se han invertido muchos miles de millones en fichar futbolistas, en montar 'catedrales' a lo San Mamés, y se han dedicado horas sin fin de radio y televisión a distraer con ese circo para que nos olvidemos de nuestros verdaderos intereses, en beneficio de quienes han montado tan maquiavélico como proficuo negocio. ¿Si hasta no pocos dirigentes de fútbol -y no estoy hablando sólo de Jesús Gil y de Marbella- son multimillonarios del sector inmobiliario!

El fútbol se ha convertido en la más eficaz droga, inyectada masivamente todos los días y a toda hora, para tener tranquilo y adormecido al ciudadano; como la nueva religión, el nacionalismo, al que el fútbol está tan íntimamente unido. No importa que los goles que den el triunfo, como ahora al Barcelona, hayan sido obra de futbolistas extranjeros: el eficaz lavado de cerebro, la pasión futbolística inculcada, menosprecia esos detallitos. Apenas queda un atisbo de racionalidad -y de esperanza- entre tantas noches y días 'mágicos' creados por el fútbol y el nacionalismo, en el asombro y la tímida queja de esa carta, o del chiste de un conocido humorista: «¿Ay, mientras estaba discutiendo sobre el Estatut me han vuelto a subir las alubias!».



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