José María Calleja reconoce que llevan «medio en secreto» la escritura del guión. «Quería contar una historia cotidiana en el País Vasco de quienes no tienen libertad. Descubrir en cine lo que ya se ha contado en los diarios».
-Le tranquilizará tener a Gutiérrez Aragón como director.
-Le admiro desde hace muchos años. Un director con talento y honradez.
-¿Qué aporta usted al guión?
-El trasfondo, el decorado de la tierra donde transcurre la historia. Esto no es un documental. Yo facilito miradas, detalles, gestos, guiños, el olor, el clima.
-¿Le gusta cómo ha abordado el cine el conflicto vasco?
-Me duele que no se hayan hecho más películas. La realidad del País Vasco tiene una tremenda fuerza narrativa, susceptible de ser trasladada a la ficción. Cuando cuentas a la gente de fuera las miles de historias cotidianas se queda sorprendida.
-Los directores se disculpan porque hace falta tiempo para tener una perspectiva.
-Hace falta arriesgarse y pisar algunos callos, y poner en riesgo la buena consideración en determinados ambientes. Asumir riesgos personales, como hemos asumido otros. El tiempo es una disculpa.
-'La pelota vasca' demostró el interes sobre el tema.
-Esa película no era una historia cinematográfica, sino un documental sesgado que ofrece una visión del País Vasco que satisface a algunos para quedar bien consigo mismos. No refleja la complejísima realidad del país. Cuando comentaba a algún director que hacían falta películas que expresaran lo que es el odio me miraban con perplejidad.
-Rodar en la Parte Vieja de San Sebastián será una muestra de normalidad.
-Qué bonito que tengamos que dejar un final abierto porque no hay atentados. Sería un buen síntoma poder rodarla en libertad.