MAL COMIENZO. Anda que no hemos dado vueltas a la gran igualdad existente en la ACB. Mira que por si acaso la patronal se sacó de la manga el cambiar el sistema clásico del 2-2-1 por un injusto 1-1-1-1-1, que favorece sin lugar a dudas al peor clasificado. Pero ni por esas. De cuatro eliminatorias, tres están dos a cero y con vistas al definitivo 3-0. No es desde luego un buen comienzo. El único sentido de los playoffs es ofrecer un mes y medio de tensión, pasión e igualdad que justifique los 8 meses de calentamiento previo. Fíjense en los cuartos de final de la NBA. Tres de las cuatro series han llegado ¿al séptimo partido! Pero por lo visto en este pasado fin de semana, por aquí de eso nada de nada. El Barça vapulea al Madrid, el Joventut liquida al Gran Canaria y el Unicaja tampoco sufre más de lo necesario para apartar de su camino al Estudiantes. Si se confirman las tendencias y los favoritos rematan en su terreno, la primera ronda va a ser ver y no ver. Además de frustrante confirmaría que una cosa es lo que ocurre en la temporada regular, donde bien es cierto que cualquiera puede ganar a cualquiera, y otro mundo son los playoffs, donde esas supuestas igualdades se diluyen marcando una barrera mucho más difícil de franquear que separa claramente a los que pueden pensar en algo grande y los que no pueden por mucho que quieran.
CUIDADÍN, CUIDADÍN. El TAU es el único de favoritos que tiene la serie todavía en el aire. Deberían tener cuidado, pues aunque Akasvayu ha vivido un año convulso, sobre todo por las expectativas creadas a golpe de talonario, la calidad que atesora su plantilla es indiscutible. Esto los hace peligrosos si llegan a plantearse la posibilidad de romper los pronósticos y pasar de ronda. Ya hemos hablado del ánimo como motor capaz de transformar cualquier equipo en cualquier situación, y nada rearma moralmente más que verse capaz de sorprender a todo el mundo. Por eso el TAU necesita el viernes una victoria expeditiva, que devuelva al Akasvayu a la realidad, que les disipe cualquier esperanza. Si no lo hace, el enredo crecerá y aquellos que tenían que ganar pensarán que pueden perder, con todos los problemas que trae consigo y los que estaban llamados a la derrota se crecerán ante la posibilidad de vencer. Cualquiera de las dos cosas, mal asunto para el Baskonia.
SUPLICIO TELEVISIVO. De verdad es que no lo entiendo. ¿Dónde está el libro de estilo de una retransmisión deportiva que dice que hay que dar una repetición de prácticamente todas las jugadas, sean o no interesantes, importantes o espectaculares aunque el balón esté en juego, con el consiguiente riesgo de perdernos una y otra vez ataques de uno de los dos equipos? ¿No resulta evidente que hay una regla de oro que dice que cuando la pelota está en movimiento no hay lugar para cortarla por una repetición? Pues parece que algunos realizadores no lo tienen claro y prefieren lucirse con una repetición que con darnos en directo lo que está ocurriendo. Si de por sí es injustificable, lo es aún más cuando lo comparas con otros deportes y otras retransmisiones, donde los avances técnicos, la colocación de cámaras en lugares insospechados y el ritmo de retransmisión está acorde con los tiempos tecnológicos en los que vivimos. Para algunas cadenas, sobre todo la pública española, todo esto no cuenta y seguimos observando los mismos 'tics', las mismas rutinas de siempre. Por ejemplo, la entrevista previa y previsible a los entrenadores donde casi nunca dicen nada que se salga de los tópicos. En fin, luego observamos las audiencias y resulta que un Madrid-Barça de playoff hace un 8,9 % de share, 817.000 espectadores. Vale, que no es la única razón para explicar estos números tan discretos, pero desde luego que no ayuda en la tarea de atraer a los televidentes. Que alguien se lo diga, por favor.